Por: Salomón Kalmanovitz

Industria y protección en Colombia

En 1955, Luis Ospina Vásquez publicó en Medellín su libro clásico de historia económica que lleva el título de esta columna, libro que la Universidad de los Andes tuvo a bien relanzar en la Filbo. Ospina había estudiado en la London School of Economics, que le prestó una sólida base teórica con la que analizó la evolución económica del país desde la Colonia hasta los años 30, focalizándose en las políticas públicas en torno a la industrialización.

Su pregunta fundamental era qué tanto bien le hacía al país la protección de una industria que definió como artificial, pues importaba su maquinaria y parte de sus materias primas, produciendo bienes de inferior calidad a precios superiores a los internacionales. La protección podía ser un pesado impuesto que debían pagar todos los consumidores.

La cultura del país había quedado enclaustrada en el pensamiento hispánico católico desde la hegemonía conservadora (1886-1930) y eran pocas las incursiones de pensadores liberales en el campo de la historia. Se enseñaba una historia heroica protagonizada por mártires, próceres, presidentes y arzobispos, a espaldas de las ciencias sociales. Los jóvenes intelectuales que comenzaban a despertar tras la violencia que se despeñó en el país desde 1946 indagaban por sus causas y encontraron en Ospina la explicación al menos de una evolución económica cerrada al mundo exterior. El otro autor que contribuyó al entendimiento del país en ese entonces fue el barranquillero Eduardo Nieto Arteta, con su Economía y cultura en la historia de Colombia, inspirada en el marxismo, que se contraponía a la escuela neoclásica en que se había formado Ospina. Ambos autores reconocían en el café y el dinamismo de la sociedad antioqueña los impulsos del capitalismo que estaba descuadernando al viejo país feudal.

En Medellín dos jóvenes autodidactas, Estanislao Zuleta y Mario Arrubla, conformaron un grupo que se apropió de las obras de estos autores y pensaron el país con las herramientas de la economía y de la sociología, de Carlos Marx y Max Weber. Jorge Orlando Melo, Álvaro Tirado y más adelante Germán Colmenares y Margarita González fueron junto con Jaime Jaramillo Uribe, que venía de doctorarse en Alemania, los fundadores de lo que se denominó “la nueva historia”. Esta se combinó con los historiadores norteamericanos y europeos que estudiaban a Colombia, a los que tradujeron, para producir un sólido cuerpo de historia económica y social.

Varios integrantes de este movimiento incursionamos en los textos escolares durante los años 80, lo que llevó a la Academia Colombiana de Historia a prohibir expresamente uno de ellos; se generó un gran escándalo que impulsó las ventas de la nueva historia que se diseminó ampliamente en el sistema educativo del país. A partir de entonces, la historia se ha especializado y miles de investigadores en las universidades develan temas fiscales, monetarios, regionales, etc.

En la Colombia de hoy, tras 30 años de apertura comercial y de capital, se discute si es necesario volver a proteger la industria que se ha debilitado considerablemente, pero no tanto porque haya perdido la protección arancelaria, sino porque las exportaciones de petróleo han financiado importaciones baratas y frenado las exportaciones manufactureras. Siguen imperando grandes fallas institucionales que señalaba Ospina en su obra seminal: un Estado débil incapaz de ordenar la economía y la sociedad.

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2019-05-06T00:00:53-05:00

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