Por: Mario Morales

Íngrid pone a temblar al uribismo

LOS PRIMEROS QUE HAN COMENZAdo a temblar con el “uribismo” de Íngrid Betancourt son los mismos uribistas, comenzando por el Presidente.

Su 79% de favorabilidad, sumado al 59% en nivel de confianza, según la Gran Encuesta Nacional que publicó este diario ayer, y reforzados con su proverbial aire de heroína y el inusitado talante de estadista, demostrado en este escaso tiempo de apariciones públicas desde que fue rescatada, la van a poner en muy poco tiempo como miembro de número de la Trinidad de opcionados a regir los destinos de este país a partir de 2010, si Uribe no va más.

Y tiemblan por varias razones. Porque saben que una cosa es la gratitud de ella  con el Gobierno, justa y necesaria, y otra que venga a sacar carnet en el Partido de la U, una vez regrese de Francia.

Porque saben que su apoyo a la política de seguridad democrática forma parte  del plante mínimo, como lo sabe hasta el ex ministro Holguín, de todo aquel que quiera llegar con opciones a la contienda electoral.

Porque saben que junto a la naciente simpatía por el Presidente (ha dicho que ya hasta le cae bien) ya comenzó a desmarcarse, haciendo reparos sutiles pero profundos a la actual administración. Los mismos reparos que a lo largo de seis años ha hecho la oposición en diferentes tonos: la necesidad de generar un acuerdo humanitario y una decidida política de componente social.

Porque saben que para enfrentarla, a ella y a Sergio Fajardo, en caso de que Uribe decida no re-relanzarse, tendrán que hacerlo con Juan Manuel Santos, que antes que uribista purasangre, así haya dirigido el partido de la U y formado parte del gobierno, es un “santista” declarado.

Y terminan de temblar porque en caso de que Santos, Íngrid y Fajardo (también de la línea de la seguridad democrática) mantengan esos niveles de aceptación,  habría lugar para una división entre el electorado, sumada a la atomización de otras candidaturas de la coalición. Esa división es la única alternativa que hoy tiene la oposición de llegar al poder.

Son las paradojas de la política. Íngrid libre beneficia la imagen presente del uribismo pero pone a temblar su futuro inmediato. Y Uribe ahí...

www.mariomorales.info

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