Insensatez

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José Fernando Isaza
31 de enero de 2019 - 05:00 a. m.
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El sangriento atentado del Eln contra la Escuela de Cadetes de la Policía no solo es un acto totalmente reprochable, sin ningún atenuante, es un error político cometido por un grupo insurgente que, además de su accionar militar, afirma que tiene como objetivos beneficiar al pueblo y trabajadores (sic) colombianos. Es una muestra más de la degradación a la que ha llegado este movimiento. En los “juicios populares” a sus propios integrantes, en la década de los 70, asesinaron a los más brillantes intelectuales que se unieron a sus filas creyendo en una utopía socialista a la que se podía llegar por las armas. El secuestro fue otro accionar totalmente inaceptable. No puede hablarse de la dignidad humana, que dicen respetar, y tratar a las personas, la mayor parte de ellas ajenas al conflicto, como una simple mercancía de valor económico. No es aceptable su argumento de la necesidad de recurrir al secuestro para financiarse afirmando que no están involucrados en la actividad del narcotráfico.

Buena parte del país rodeó al presidente en su exigencia de liberar a los secuestrados antes de reiniciar las negociaciones. Hoy, difícilmente la sociedad acepta una negociación con ese grupo que secuestra y mantiene esta práctica criminal.

La bomba cierra por mucho tiempo las puertas de la negociación. El gran beneficiario es el líder del Centro Democrático, para quien la existencia de una guerrilla actuante es su mejor argumento político y electoral. En el momento en que se inician las campañas para elegir las autoridades regionales, el criminal y torpe accionar del Eln le entregó las mejores banderas a quien dice ser su contradictor y enemigo.

No hay justificación a la negativa del presidente de cumplir los protocolos para el regreso de la comisión negociadora. El argumento de que el protocolo lo firmó el anterior gobierno es grave para la respetabilidad internacional. Cuando se firmó se sabía que el Eln hacía actos terroristas y los negociadores no fueron capturados, sino que voluntariamente viajaron a los países garantes de los acuerdos sabiendo que si se rompían las negociaciones no los enviarían a la cárcel, sino a sitios similares a donde estaban antes de integrarse a la mesa. Un experimentado académico como es el comisionado de Paz, tratando de explicar lo inexplicable, actúa como un abogado mañoso para evitar cumplir un compromiso. ¿Qué pasa si un ciudadano va a cobrar una deuda a una empresa y los nuevos administradores le dicen que no se la pagan porque ahora tienen un nuevo gerente que decidió no pagar compromisos asumidos por la anterior administración?

Es bien posible que casi la totalidad de los ciudadanos respalden al presidente por la cesación de las negociaciones, pero no todos creen que es conveniente para el país incumplir los compromisos internacionales. ¿En qué queda la credibilidad del país? Tal vez el mejor resumen de la situación lo plantea Vladdo: “¿Debemos acatar las elecciones presidenciales que ganó Iván Duque en vista de que se realizaron en el gobierno anterior? Simple curiosidad”.

Nota final. Circulan memes que dicen que Colombia y Venezuela se parecen en que ambos países tienen dos presidentes. Colombia tiene un solo presidente y “presidente eterno” es el sagrado nombre con el que se refieren a él los seguidores del partido que ganó las elecciones.

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