Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Insostenibilidad y reservas campesinas

Los últimos 40 años de expansión de la frontera agropecuaria han significado destrucción del bosque húmedo tropical (BHT), concentración territorial, latifundio ganadero, baja productividad y expulsión del campesino colono hacia nuevas áreas de colonización en zonas de BHT.

La introducción de la coca ha alterado en algunos lugares este ciclo, pues atrae la mano de obra del colono a la siembra y cultivo de la coca, que implica talar bosque en dimensión menor, diversificando la actividad y las metas del colono. Una hectárea de coca produce tanto como 50 o 100 hectáreas en ganadería extensiva. Lo grave es que, debido a su rentabilidad, no sólo absorbe la mano de obra del colono, sino que atrae mano de obra de las ciudades para trabajar en la ilegalidad en medio del BHT. Esto genera una interferencia en el ciclo tradicional de colonización, pero no altera la lógica de la expansión de la frontera que se sigue expresando en concentración de la propiedad del suelo y pastizales de baja productividad.

Buscando limitar y modificar la expansión de la frontera agropecuaria, el Sistema Nacional de Reforma Agraria (Ley 160 de 1994 y decreto reglamentario 1777 de 1996) creó la figura de zonas de reserva campesina (ZRC). Se propuso controlar la expansión de la ganadería extensiva, evitar la concentración territorial y crear condiciones para la adecuada consolidación y desarrollo sostenible de la economía campesina. Se focalizó en la adjudicación de tierras a campesinos o colonos de escasos recursos, apoyando una propuesta integral de desarrollo sostenible basada en el ordenamiento territorial y la autogestión, fortaleciendo espacios de concertación social, política, ambiental y cultural entre el Estado y las comunidades rurales, garantizando su adecuada participación en las instancias de planificación local y regional. Su aplicación ha sido precaria. Se han creado nueve ZRC y han recibido apoyo esporádico solo tres de ellas. El Acuerdo de Paz retoma la figura de las ZRC y la identifica como esencial para la implementación de la reforma rural integral.

El foro “Aportes y retos de las ZRC al cierre de la frontera agrícola y a la zonificación ambiental participativa” —realizado la semana pasada, convocado por el Ministerio de Ambiente y Anzorc (Asociación Nacional de ZRC), y financiado por PNUD y la Unión Europea para apoyar la implementación del Acuerdo de Paz— puso en evidencia la capacidad organizativa, técnica y conceptual de las organizaciones campesinas para dialogar con las instituciones, y el nivel de compromiso de algunos actores para impulsar las ZRC.

Suma que existen sistemas productivos sostenibles probados —silvopastoriles para ganadería, café en sombrío biodiverso, caucho en bosque— y el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi) tiene elaborada una estrategia para el BHT, recuperando la productividad del que ya está talado, sembrando árboles maderables y frutales, y manteniendo en pie el que todavía se conserva, buscando su aprovechamiento integral con productos maderables y no maderables, compensación por servicios ambientales y turismo ecológico. Incluye una estrategia para el manejo de paisaje, corredores ecológicos y mosaicos de conservación asociada a la reducción de emisiones, mercados verdes y secuestro de carbono. Las condiciones están dadas para consolidar las ZRC como parte de la construcción de paz y freno a la destrucción del BHT. ¡Avancemos!

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