Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

Invías: la plata es del Valle

Como lo comenté en pasada columna, Invías está administrando los recursos provenientes de los peajes que se pagan en casi todas las carreteras del Valle del Cauca.

Ello significa que al vencimiento del contrato para el manejo de la llamada malla vial que funcionó por 20 años, se suponía que Invías haría lo propio de la anterior concesión, reinvirtiendo los dineros recaudados no solo en el mantenimiento de las carreteras —en las que se pagan los peajes—, sino también en la adecuación y construcción de nuevas vías para el departamento.

Ocurre que no ha sido así, pues de acuerdo con el comentario de muchas entidades y personas que conocen del tema, lastimosamente está sucediendo lo de la vaca que pasta en nuestras tierras pero es ordeñada en la capital.

Allá van a parar los muchos miles de millones que pagan los vallecaucanos que transitan por estas vías, sin que hasta el momento se haya visto una inversión favorable y justa para el lugar donde se generan estos recursos.

Las consecuencias se notan en el enmalezamiento y abandono de las bermas, en el descuido y la suciedad de las vías, en la falta de presencia para atender accidentes y, en general, en la percepción de una desidia que no es posible tolerar.

Incluso la falta de personal y de experticia de quienes atienden los peajes está generando una congestión nunca antes vista, denotándose el triste “importaculismo” de los entes sabaneros, cuyo centralismo no les permite tener en cuenta a la que despectivamente llaman la “provincia”.

Y aunque ya ha habido pronunciamientos por parte de la gobernadora del Valle, los gremios y algunos medios de comunicación, ello no ha sido suficiente para que se plantee una solución efectiva y, por el contrario, con el correr de los días, este problema va creciendo y seguramente llegará a un colapso tal en el que los recursos no van a alcanzar.

Se precisa entonces de la intervención del Ministerio de Transporte para aplicar los inmediatos correctivos. La malla vial del Valle, que llegó a ser ejemplo en este país, no puede ser un monumento más al desgreño centralista que caracteriza a muchas entidades gubernamentales.

 

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