Por: Jorge Gómez Pinilla

Iván Duque no es real, es posverdad

 
 

El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define posverdad como “la distorsión deliberada de una realidad con el fin de modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales,​ apelando a las emociones, creencias o deseos del público”.

Eso es Iván Duque, y para probarlo basta hacer un recuento de sus “actuaciones”, porque se la pasa actuando. Comencemos por ubicarnos en febrero de 2018, cuando las encuestas mostraban en el primer lugar de las preferencias para presidente a Gustavo Petro, y estaba programada para el 11 de marzo una consulta entre los partidos Conservador y Centro Democrático para decidir el candidato por la godarria, si Marta Lucía Ramírez, Alejandro Ordóñez o el inexperto Iván Duque.

Según encuesta de Invamer para Semana, Caracol TV y Blu Radio publicada el 2 de febrero de 2018,  si la consulta hubiera sido ese día Marta Lucía Ramírez habría ganado con un sobrado 52,9%, superando por casi 18 puntos a Iván Duque, quien habría obtenido un 35%, mientras que Alejandro Ordoñez aparecía con apenas un 12%. (Ver encuesta).

La foto del momento mostraba además que Petro había “picado en punta” (la expresión es de Semana), y el orden de preferencias después de este ubicaba en segundo lugar a Sergio Fajardo; tercero, Germán Vargas; cuarto, Humberto de la Calle; quinto, Duque; sexta, Marta Lucía Ramírez. (Ver resultados).

Bien llamativo, Marta Lucía podía ganarle a Duque en la consulta pero iba de última en la carrera por la Presidencia. Esto obedecía a que por tratarse de una convocatoria abierta, las preferencias por ella parecían ser las mismas de cuando en 2010 Uribe ungió como su sucesor a Andrés Felipe Arias y muchos –muchísimos, incluido el suscrito– votamos por Noemí para sacar de la contienda al “Uribito”. Y a Uribe le tocó aceptar a Juan Manuel Santos como su reemplazo, y el resto de la historia ya se conoce.

El país vivía un sentimiento de pesimismo generalizado, con un escenario favorable para el crecimiento de Petro, según Semana, porque “cuando la gente cree que va mal, busca cambiar de rumbo”. En la misma tónica, Humberto de la Calle le explicaba a Yamid Amat que “la responsabilidad del crecimiento de Petro proviene de ese pertinaz ataque a las instituciones con el ánimo de hacerle daño a Santos. Ha sido un error estratégico del Centro Democrático”. (Ver entrevista).

Pero de repente comenzaron a presentarse cambios súbitos en las tendencias, publicados en los medios cuyos dueños son influyentes empresarios pertenecientes a los círculos de poder necesitados de que esas preferencias se alteraran. ¿Hasta dónde? Hasta el punto en que los favorecieran.

Así las cosas, como el mago que saca un conejo del sombrero, el jueves 8 de marzo El Tiempo y W Radio publicaron una encuesta realizada por Guarumo para esos dos medios, donde de la noche a la mañana Iván Duque aparecía por primera vez superando en estrecho margen a Petro (23,6% contra 23,1%)… cuando faltaban tres días para que se celebrara la consulta, y en lo que a las claras lució como un embuchado para forzar el triunfo de Duque sobre doña Marta. Según El Tiempo en su primera página de ese día, donde el redactor de la noticia pensaba con el deseo, “a la luz de estos resultados Duque y Petro no tendrán ninguna dificultad para salir triunfantes”. (Ver encuesta).

Este es el punto de quiebre que no debemos perder de vista, porque fue ahí donde los grandes medios comenzaron a adentrarse en los terrenos de la posverdad para darle el triunfo al único candidato que por ser “el elegido” para proteger los intereses políticos de su mentor Álvaro Uribe era a su vez quien mejor favorecía los intereses de los grupos económicos que siempre han respaldado al gobernante que más les ha contribuido a garantizar el opíparo crecimiento de su chequera.

El resultado de esta operación de manipulación mediática fue lograr que quedaran solos un Petro al que podían atacar sembrando miedo con el cuento del castrochavismo y un Duque al que le tiñeron el pelo para simular madurez o experiencia. Y lo adiestraron para que se diera a conocer con un perfil farandulero (nada parecido a un político), que sabía cantar a dúo con Vicente Fernández, tocar la guitarra, hacer cabecitas con el balón y ejecutar osados pases de baile, qué muchacho tan chirriado, ala.

Y así lo hicieron ganar el domingo 17 de junio, con una diferencia de dos millones de votos, y cuando dos meses después de posesionado vieron que su producto de marketing político no se consolidaba y las encuestas lo mostraban con un ínfimo 26% de aceptación, apareció como caído del cielo el secuestro de un niño con nombre bíblico, Cristo José Contreras, quien “a Dios gracias” fue rescatado sin que se conocieran sus autores y recibido en Palacio por el mismo que se comprometió con sus padres y ante el país entero a liberarlo, y si parece que la trama fue tomada de la película mexicana La dictadura perfecta, eso debió ser pura coincidencia.

Pero el producto nada que cuajaba, las encuestas lo seguían mostrando en picada, así que decidieron proyectarlo como líder internacional. Es entonces cuando se inventan lo del cerco diplomático y lo ponen a recitar día y noche el libreto contra Nicolás Maduro, y viaja a Washington y visten a la primera dama con una chaqueta que parece un chaleco antibalas para que la gente se distraiga con esa prenda y no capte el grado de sumisión de nuestro presidente cuando Trump anuncia que no descarta el envío de tropas a Colombia y Duque ni se da por enterado… Y cuando un periodista español le pregunta si está de acuerdo “sí o no” con el anuncio de Trump, Duque se refugia en repetir “cerco diplomático” como un loro, porque la respuesta todavía no la tiene él sino el que lo hizo presidente, of course, my boss.

Sea como fuere, la estrategia de reingeniería del producto les funcionó a la perfección, porque Duque pasó de un denigrante 26% a un reconfortante 42% de favorabilidad en las encuestas, y ahí permanecerá mientras no le toque confrontarse con su jefe en el espinoso tema de la Justicia Especial para la Paz (JEP), cuando le corresponda decidir si objeta la ley –como necesita Uribe para garantizar su impunidad– o le da vía libre, como le reclama a grito herido la comunidad internacional.

DE REMATE: Con cada día que pasa se hace más claro que la captura de Carlos Bermeo y Luis Alberto Gil fue una operación de “entrampamiento” (prohibida por la legislación colombiana y permitida por la norteamericana) entre la Fiscalía y la DEA, consistente en incitarlos a cometer un delito, con un propósito político evidente: dinamitar la credibilidad de la JEP. Esa gente se las sabe todas, y las que no se sabe las tiene anotadas.

En Twitter: @Jorgomezpinilla

Jorge Gómez Pinilla

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Jorge Gómez Pinilla

¡Coronell, salve usted la causa!

Después de la tempestad viene… la hecatombe