Por: Fernando Barbosa
A mano alzada

Japón y el “impasse” contemporáneo

En 1986, Oe Kenzaburo escribía: “Al igual que Dante, los escritores japoneses contemporáneos, incluyéndome yo mismo, nos encontramos como escritores frente a un impasse perentorio política y socialmente, según lo evidencian las realidades mundanas de la profesión literaria de hoy. Nos encontramos hoy en un impasse literario; la reorientación de los horizontes intelectuales de Japón, que se llevó a cabo después de la derrota en la Guerra del Pacífico con la participación de los escritores de la posguerra y sus lectores, ha llegado a su fin”.

Sin embargo, el pesimismo de Oe no se reflejaba en otros campos, como el económico o el industrial, en los que las cosas iban por buen camino. La calidad de los productos manufacturados en Japón fue reconocida y se convertía en la rúbrica del éxito. El país se encontraba en la cúspide de la prosperidad y los jóvenes parecían recuperar la identidad perdida con la guerra. Brillaban los titulares: Japan Inc., Japan as No. One.

Pero la literatura, que por estar más cerca del alma de los pueblos tiende a veces a perturbarnos, al final termina convenciéndonos de las verdades. Verdades que evolucionan y que son inciertas. Los japoneses con quienes mantengo un diálogo casi permanente han mostrado una preocupación muy honda por dos hechos: el envejecimiento de su población y la disminución de la misma, y el surgimiento de China como segunda potencia económica mundial, puesto que Japón ostentaba con orgullo. Los japoneses, si bien no han perdido su vitalidad, pues aún se sostienen en el tercer lugar, sí dan muestras de haber perdido la energía creativa de los 70 y 80.

El panorama de hoy, tres décadas después del ensayo de Oe, parece haber llegado a otro impasse. El Asahi Shimbun ha recordado un viejo chiste: “Un fabricante de autos americano hizo un pedido a dos autopartistas, uno ruso y otro japonés. Les advirtió que las partes defectuosas no podían exceder una en mil. El ruso contestó que eso era casi imposible y que no podrían hacer la entrega a tiempo. El japonés respondió que la producción estaba en curso y entregarían según lo acordado, pero que requerían urgentemente las especificaciones para elaborar las partes defectuosas”. Eran otros tiempos. Hoy los escándalos sobre deficiencias importantes en la calidad de varios productos están minando la credibilidad de la industria nipona.

Seguramente Japón no escapa a la crisis contemporánea. Nadie sabe a dónde ni cómo ir, salvo China, que parece consistente en la proyección de nuevas rutas. A los demás nos queda un reto fascinante: recuperar la confianza y consagrarnos a imaginar y a construir un mundo nuevo.

 

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