Por: Santiago Montenegro

Junguito se retira

SI CARLOS LLERAS RESTREPO FUE el más economista de los políticos colombianos, Roberto Junguito ha sido el más político de los economistas. Durante unos 40 años Junguito ha sido no sólo uno de los economistas más destacados, sino una de las figuras públicas más influyentes. Economista de los Andes, con estudios doctorales en Princeton, fue el segundo director de Fedesarrollo. Como dirigente fue presidente del gremio de los exportadores de café, Asoexport; de la Sociedad de Agricultores, la SAC, y de Fasecolda, el gremio de los aseguradores. Como servidor público fue director de estudios agrarios del DNP, ministro de Agricultura y de Hacienda en el gobierno de Belisario Betancur, miembro de la junta directiva del Banco de la República y, otra vez, ministro de Hacienda en el primer gobierno de Uribe. Vivió en Londres, como representante de la Federación de Cafeteros, y en Washington, como director alterno por Colombia en el FMI. También fue embajador en Bruselas y en París.

Como investigador ha escrito trabajos importantes en demografía, macroeconomía, historia económica y economía agraria, con especial referencia en el tema cafetero. Pero sus más grandes contribuciones las realizó como ministro de Hacienda, cuando fue llamado a enfrentar dos crisis macroeconómicas de grandes proporciones. La primera, a mediados de los ochenta, cuando, con el coletazo de la crisis de la deuda Latinoamericana, Colombia estuvo a punto de una suspensión de pagos. Y, en el primer gobierno de Uribe, cuando recibió una economía con un spread de la deuda por encima de los mil puntos básicos, un déficit fiscal de un 6% del PIB y una tasa de desempleo del 17%. Reacio a quedarse sentado para calentar el puesto, en las dos ocasiones, tan pronto estabilizó la economía, renunció y se fue.

En un momento en que se menosprecia el papel de los partidos y de los políticos, quiero resaltar el apego y la disciplina permanente de Junguito a su partido, el Conservador. A través del partido conoció la diversidad del país, su gente y sus regiones, y no me cabe duda de que, gracias a militantes como Junguito, el Partido Conservador se modernizó y abandonó viejos extremismos y sectarismos. Consentido de Álvaro Gómez y cercano a todos los expresidentes y políticos conservadores, es un misterio por qué, gustándole tanto la política, no dio el paso siguiente lanzándose como candidato a un cargo de elección popular. Porque, además de una mente privilegiada y gran preparación académica, pocos le igualan en lo que modernamente se define como inteligencia emocional. De un humor sagaz, puede resultar también intimidante para quienes se encuentran en el extremo opuesto de un argumento económico. Pero defiende a capa y espada a sus amigos y colaboradores, a quienes apoya y promueve para siempre, especialmente si son de ideas conservadoras. Al cumplir una nueva década de vida, Roberto Junguito ha decidido dejar Fasecolda para dedicarse a escribir sus memorias. Quizá lo haga pronto porque muy pocos podrían hacer una reflexión mejor de la historia de Colombia del último medio siglo. Pero no debemos extrañarnos de que, en este país de aluvión, sujeto a dramas recurrentes, el más político de los economistas sea llamado, en cualquier momento, a cumplir con nuevas obligaciones.

 

 

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