Por: Jaime Arocha

Kreatópolis sin ciencia

Los dinosaurios se achicharraron de una porque un asteroide chocó con la Tierra. Así lo enseña One strange rock, la serie documental de National Geographic sobre los hallazgos de seis astronautas, quienes desde el espacio estudiaron relaciones y fenómenos inapreciables desde la superficie del planeta. Recuperarse del cataclismo requirió decenas de millones de años y sucesos impredecibles e irrepetibles, como la aparición de las playas gracias a los peces que se alimentan de coral y defecan arenas blancas.

En cambio, nuestra extinción y la de las especies que hemos explotado sin misericordia parecía ir a fuego lento, aunque crecen las evidencias de que el horror se acelera gravemente. De ahí la urgencia de soluciones, como las que propone Naturaleza, la exhibición que hasta el 20 de enero de 2020 presentará Cooper Hewitt, el Museo Smithsoniano de Diseño1, localizado en Manhattan, sobre la Quinta Avenida, a pocas cuadras del Guggenheim. Lo alberga una mansión suntuosa que combina muestras de Art Nouveau y Art Decó, donde residió Andrew Carnegie2, magnate del acero y filántropo (1835-1919)3.

La muestra la forman piezas de artistas asociados con biólogos, genetistas, astrónomos e ingenieros de sistemas y materiales. Se refiere a qué tan complejos son los vínculos entre las especies vivas, los graves efectos de su extinción y algunas alternativas posibles.

La Nube de la Curiosidad consiste en decenas de esferas de cristal que penden del techo de una de las salas. Su interior adquiere una vida extraña cuando uno se les acerca. Cada una hospeda la réplica de un insecto desaparecido o en riesgo de serlo. Hechas en laminillas de metal y plástico, las alas de cada animalito comienzan a agitarse estimuladas por el cuerpo del visitante que un sensor identifica. Hacia el futuro esos diseñadores quizás logren que drones diminutos repliquen el vuelo de abejas, moscas, libélulas, mariposas y escarabajos, pero no las funciones que ellos y las larvas que los han antecedido desempeñan: polinización, descomposición de microrganismos, transporte de proteínas y agua, como parte de complejas cadenas de coevolución.

A unos pasos del enjambre atrapado, un armazón de plástico blanco aloja las plantas, suelos, aguas y aires que les dan vida a las mariposas monarca, con la meta de frenar la desaparición de una especie que en Norteamérica ya va por el 80%. En otra galería hay piezas tan sorprendentes como aterradoras: tuberías experimentales fabricadas manipulando la genética de algas marinas. También hay un vestido blanco de biotextiles llamado Fantasma, como para los bailes de la novia de Drácula.

Pensaba cómo a las kreatópolis4 (sic.), básicas para la economía naranja de Duque, les hacían falta los cimientos que abundaban en la exposición del Cooper Hewitt: universidades y centros de experimentación de largas trayectorias muy bien financiadas, creatividad nacida de la disciplina y la dedicación, más que de destellos de la imaginación y del solo emprendimiento, pero en especial de la ciencia como instrumento para dudar y no para crear dogmas de utilidad política, como el de la inocuidad del glifosato.

* Visitante de Nueva York, impresionado por la cantidad de tiendas y restaurantes orgullosos de tener letreros dándoles la bienvenida a refugiados e inmigrantes. 

https://en.wikipedia.org/wiki/Cooper_Hewitt,_Smithsonian_Design_Museu

2 https://en.wikipedia.org/wiki/Andrew_Carnegie_Mansion

3 https://es.wikipedia.org/wiki/Andrew_Carnegie

4 Lugar donde “las mentefacturas son más importantes que las manufacturas para la creación de empleos y riqueza”. (Duque, Iván y Buitrago, Felipe. 2013. La economía naranja, una oportunidad infinita, BID, Aguilar y otros editores, página 72.

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