Por: Fernando Carrillo Flórez

La bruja mala de la política

ASÍ COMO LA JUSTICIA HA SIDO CAtalogada como la cenicienta del poder, el Congreso se ha convertido en la bruja mala de la política. Por ello, la tarea más importante del Legislativo electo es la recuperación de su credibilidad.

Definida ya su composición para el período 2010-2014 puede ser muy ingenuo pero quizá legítimo el ejercicio de soñar con lo que podría ser esta institución para nuestra democracia. Quienes saben del tema dicen que la primera característica de un Congreso democrático es su fortaleza. Y para medirla ya existen estándares globales que señalan al menos seis elementos concretos para valorar su desempeño: representatividad, control del Ejecutivo por parte del Parlamento, capacidad legislativa, transparencia y accesibilidad, obligación de rendir cuentas frente a los ciudadanos y apertura a la participación.

Cuán representativo, controlado, eficaz, transparente, accesible, responsable y capaz ha sido el Congreso en el pasado, es una pregunta sobre la cual los ciudadanos responden con gran escepticismo. La condena social casi inapelable contra los políticos lleva a una condena general de la política y allí el Legislativo paga la factura más costosa ante la opinión.

Justa o injustamente se percibe en general como el templo de la manipulación, el engaño, el cinismo, la corrupción y la pugna egoísta por la defensa de intereses particulares mediante aquello repugnante que “hacen los políticos”. El desencanto masivo, la desafección, la desconfianza y la sospecha caen como una sombra sobre quienes interactúan en este escenario. La política no es parte de la solución sino parte del problema.

Esa es la realidad a enfrentar por los recién electos a partir del próximo 20 de julio; algo que debería llevarlos a plantear qué hacer en términos de alianzas para rescatar esta institución. Pues si se puede continuar con la ingenuidad, sería también legítimo preguntarse cómo si el porcentaje de parlamentarios cuestionados llega ahora al 20 ó 25 % del Congreso, por qué el 80 ó 75% restante no es capaz de armar una coalición para reformar esta institución y cambiarle la cara frente a los ciudadanos.

En esas tres cuartas partes es donde valdría la pena construir una agenda legislativa de Estado para la próxima década, basada en las convergencias de los partidos alrededor de una reforma política y electoral reclamada a gritos. Bastaría con empezar por restablecer la confianza pública en la integridad ética de los parlamentarios mediante códigos de conducta obligatorios y una reforma del sistema de financiación de la política. Pero la realidad se parece más a una pesadilla donde lo público y lo político naufragan y el salvavidas no puede venir sólo del Ejecutivo.

P.D. De allí la importancia de la invitación al debate que ha hecho en estas mismas páginas el ex ministro Carrasquilla, respecto de los roles que han jugado el Ejecutivo y sobre todo el Legislativo en la política social y las responsabilidades que le caben a éste último para que la agenda de reformas no siga siendo rapada por el poder judicial.

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