Por: Beatriz Miranda

La caótica cumbre del G7

La Cumbre del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido), realizada en Canadá, terminó en el mejor estilo de un reality show. El presidente de Estados Unidos, fiel a su obsesivo camino de “América primero” mediante la diplomacia del Twitter, retiró su apoyo al acuerdo final después de dos días de exhaustivas discusiones.

Nada nuevo si se considera que el presidente Donald Trump ya acumula récords en lo que se refiere a retirar a su país de acuerdos estratégicos que atañen directamente al orden internacional que Estados Unidos ayudó a construir. En su corto período lo ha sacado del Acuerdo de París, del acuerdo nuclear de Irán, del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y de la Unesco.

Para sorpresa de sus pares, esta decisión se dio cuando Donald Trump ya no se encontraba en Canadá y el encuentro había finalizado. Esta sería la primera vez que el G7 no llega a un consenso en el comunicado final.

Algunos de sus tuits demostraron incomodidad con las declaraciones del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, quien al final de la cumbre, ante el desprecio de Trump por sus socios y/o aliados y la decisión del mandatario de mantener aranceles, afirmó que no se dejará presionar por Trump y responderá con aranceles equivalentes a las medidas económicas adoptadas por Estados Unidos contra el acero y el aluminio canadienses.

Si bien el espíritu de la cumbre era combatir el proteccionismo cada vez más preocupante desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y sus sucesivas decisiones unilaterales, durante su corta permanencia en esta reunión, el presidente Trump lo reafirmó y reiteró que “se han aprovechado de Estados Unidos durante décadas y décadas y esto no puede seguir sucediendo”.

Al contrario del presidente Trump, en el documento final los demás países del G7 defendieron un sistema comercial basado en reglas y se comprometieron a trabajar en pro de la reducción de barreras arancelarias, no arancelarias y de los subsidios.

En el plano político, preocupados con la decisión de Estados Unidos de romper el acuerdo con Irán, el G7 se comprometió a vigilar permanentemente para que el programa nuclear de Irán sea de carácter pacífico y que Teherán “nunca busque, desarrolle o adquiera un arma nuclear”. Además de esto, los seis países instaron a Rusia a “disminuir su potencial desestabilizador, detener sus intentos de debilitar la democracia y retirar su apoyo al gobierno sirio”.

A pocas horas de Trump de dejar el territorio canadiense, en contravía de los demás países, había sugerido que Rusia fuera nuevamente incluida en el grupo, abriendo así un nuevo foco de tensión entre Washington y el G7. Importante recordar que Rusia fue expulsada del G8 durante la Crisis de Ucrania, debido a la decisión del presidente Vladimir Putin de anexar a Crimea en 2014.

La Cumbre del G7 en Canadá deja un sabor amargo. Denota cada vez más un neoaislacionismo de Estados Unidos, que parece estar cada vez más decidido a caminar solo, con la consecuente fragilidad del actual orden internacional y una Casa Blanca menos creíble en términos de los acuerdos suscritos. Lentamente emerge otro camino hacia la cooperación bajo la batuta de Ángela Merkel y la alianza franco-alemana, ahora sin Estados Unidos y sin Rusia.

* Profesora Universidad Externado de Colombia.

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