El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La cifra

Arturo Charria

25 de febrero de 2021 - 10:00 p. m.

Por estos días una cifra se ha metido en las conversaciones del país: cuatro dígitos que se multiplican en las pantallas y que lentamente comienzan a aparecer entre las superficies de la ciudad. En la avalancha de números que nos deja la guerra, donde un muerto tapa a otro, esta cifra permanece no como un murmullo, sino como una certeza del horror. Alguien la nombra en voz alta y el sonido se convierte en una plegaria que intenta darle nombre y rostro a cada vida. Pero también hay quienes al pronunciarla buscan reducirla a una mentira.

PUBLICIDAD

Nuestra cifra (y digo “nuestra” porque está en nosotros y somos parte de ella), no es la suma individual de cuerpos y un acumulado al que se llega cuando termina el conteo: es una marca que se queda como una astilla incrustada más allá de la piel. Al movernos la sentimos porque es una herida que se abre a cada paso, porque caminar en Colombia es andar sobre muertos.

Esa cifra no requiere palabras o subtítulos para evocar su significado, pues ha dejado de ser un número y se ha convertido en un signo. Basta con verla o decirla para abrir un campo de sentido en el que gravitan las palabras dolor, masacre, rabia, crimen, Estado, Fuerzas Militares, campesinos, padres, hermanos, hijos e hijas. Cada letra de cada palabra de cada nombre es un punto necesario en la constelación de nuestra memoria: decirla es un acto de justicia.

A diferencia de otros números con los que nos relacionamos, los que componen esta cifra no son fáciles de recordar, de esos que se adhieren sin esfuerzo a nuestros asuntos. Sin embargo, tienen otra música y otra sonoridad que los fijan en nuestro registro individual y también en la memoria colectiva. De seguro si el dato hubiera sido 6400 o 6500, éste habría pasado inadvertido entre tanta información cotidiana. Son los últimos dos dígitos, el 0 y el 2, los que dan fuerza al relato que tanto han intentado borrar, como antes lo hicieron con la vida que precedía a cada una de las víctimas.

Desde ahora bastará ver la cifra en la portada de un libro, en el título de una columna, en una pared, en un aviso o en una camiseta para recordar que en Colombia el ejército asesinó a civiles. No hay motivos, no hay explicación que baste ante un horror de tal magnitud. La cantidad, la repetición de patrones y la concentración en el tiempo habla de sistematicidad, táctica y degradación. Negar este hecho no es indiferencia, no es solidaridad de cuerpo, es complicidad.

Esta cifra es plural: multiplica los gritos que salen de la tierra, la exigencia de justicia de los familiares de las víctimas y la impunidad con que intentan cobijarse los responsables. Esta cifra está en nosotros, pues nos grabaron en el cuerpo, como a los condenados de Auschwitz, un infierno personal.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.