Por: Julio Carrizosa Umaña

La complejidad de la violencia

Unos meses antes de la iniciación de la Segunda Guerra Mundial, Albert Einstein le envió una carta a Freud preguntándole qué se podía hacer para evitarla. Freud le contestó que la violencia estaba en el talante de los humanos y que lo único que podría evitarla era un “desarrollo cultural”. A pesar de que Colombia podría considerarse el primer país en experimentar casi todas las teorías del desarrollo, es evidente que nunca hemos siquiera ensayado la receta que dio el fundador del psicoanálisis. Tal vez sea el momentode hacerlo.

No será fácil lograr ese desarrollo cultural hacia la no violencia en un país forjado por la guerra, fruto de una invasión armada en donde participaron soldados entrenados en los enfrentamientos de los imperios europeos, estabilizada parcialmente gracias al sometimiento forzado de millones de indígenas que habían vivido aquí durante miles de años divididos en decenas de grupos que guerreaban y comerciaban unos con otros y nunca habían logrado conformar un imperio al estilo del inca o el azteca. Un país en donde para organizar una colonia viable después de la muerte de millones de indígenas la solución fue traer decenas de miles de africanos esclavizados. La república que formaron nuestros antepasados derrotando a los ejércitos españoles tampoco es buena referencia para ese cambio social; son decenas las guerras civiles en donde nos matamos durante el siglo XIX para lograr el éxito de algún imaginario copiado de nuestras madres patrias, para no hablar de lo sucedido en el siglo XX. Sin embargo, nunca hemos tratado de seguir la idea de Freud.

¿Cómo construir en Colombia una cultura de la no violencia? Tal vez el actual sea el momento adecuado para reflexionar al respecto. Mucho sabemos los colombianos que vivimos hoy acerca de cómo se desencadenan las violencias; más de cinco veces hemos logrado impedir en los últimos cien años que se terminen los enfrentamientos armados, somos especialistas en iniciar guerras. Por ejemplo, podríamos empezar con una reflexión colectiva acerca de cómo nos hemos dejado manipular hacia la violencia por las ideologías de izquierda y también de derecha.

Lo sucedido en la década de 1940 es un buen ejemplo. La Guerra de los Mil Días fue tan sanguinaria que nos dejó exhaustos durante más de 40 años, pero bastó que en Europa se reiniciaran los enfrentamientos ideológicos fríos entre el marxismo-leninismo y las democracias para que inmediatamente los imitáramos y regresáramos a nuestra propia violencia, como corderos.

* Miembro de Paz Querida.

 

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