Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de Buhardilla

La Corte guerrera

La primera curiosidad para destacar del fallo de la Corte Constitucional que ha comprometido el proceso de paz es que de los cinco magistrados que lo aprobaron, dos de ellos son magistrados auxiliares que transitoriamente están ejerciendo como titulares. Uno de ellos, el doctor José Antonio Cepeda, lleva años en el poder judicial, fue auxiliar del tristemente célebre Rodrigo Escobar Gil y hoy lo es del presidente de la Corte, Luis Guillermo Guerrero, con quien comparte sus ardientes preferencias religiosas. No es sano que en un cuerpo colegiado de justicia tomen asiento jefe y subalterno, porque obviamente esa relación genera la sospecha no descabellada, de que es humanamente comprensible que quien dependa laboralmente de alguien que lo puede remover libremente de su empleo, no se atreverá a llevarle la contraria. Es también curioso que dos de los cinco magistrados que tomaron la determinación, que a muchos nos tiene desconcertados, Luis Guillermo Guerrero y Gloria Ortiz, tengan lazos familiares.

No hay duda de que quienes andan felices torpedeando el proceso de paz con las Farc a través de providencias judiciales, están ejerciendo el sobalevismo. Los uribistas, altaneros e irascibles cuando no les gustan las decisiones judiciales, ahora sí andan eufóricos, al igual que Martha Lucía Ramírez, quien por twitter no tuvo inconveniente en expresar que el “magistrado Guerrero enaltece Partido Conservador.”

Pero la culpa de que haya pasado lo que sucedió también la tiene el Gobierno por ternar a Cristina Pardo y Carlos Bernal. La doctora Pardo tendrá que declararse impedida en procesos de constitucionalidad relacionados con la paz, porque en ellos intervino como secretaría jurídica de Palacio. A pesar de que el Gobierno fue advertido de este detalle, lo que hizo fue convertirla en magistrada, cuando no puede serlo en los debates de la paz.

Y sorprendió que un hombre tan estudioso como Carlos Bernal decidiera acoger un proyecto de fallo al día siguiente de posesionarse, para darle la razón al demandante-senador que lo apoyó para llegar a la Corte. Ahora como magistrado sostuvo lo contrario de lo que había escrito el 30 de septiembre de 2015 en Ámbito Jurídico, en el artículo “La Constitución y las reformas de justicia transicional” (https://goo.gl/k3GlJ7), pues allí expresó que “la teoría de la sustitución no es apropiada para evaluar la constitucionalidad de los mecanismos de justicia transicional”. Con esa opinión de columnista ha debido declararse impedido como magistrado además para no exponer a la nulidad la sentencia, pero no, se sintió cómodo dando una voltereta que suscitó aplausos del Centro Democrático, Cambio Radical, los conservadores, sus hermanos cristianos y Vivian Morales. A propósito, el mismo día del fallo la senadora liberal-cristiana estaba culpando a Santos de derrotar el esperpento de su referendo contra la adopción de parejas gay y solteros. ¿Tablas?

La mala suerte está echada. La Corte Constitucional, que debería ser independiente, tomó peligroso partido por quienes siguen interesados en que vuelva la guerra. A muchos congresistas obviamente se les hará agua la boca, por cuenta de la mermelada que recibirán a cambio de que faciliten la aprobación de los proyectos que quedaron en vilo.

Lo peor de todo es que se vienen nubarrones más grandes, a juzgar por los otros dos magistrados que podrían llegar a la Corte. En capilla está el doctor Álvaro Motta, quien describe su ideología política en Facebook como “very conservative”, léase “ultragodo”. Todo indica que poderosos sostenedores de su candidatura dan ya por hecho que en unos días estará sentado al lado de quienes le sacaron tarjeta roja a la paz. Solo falta que la Corte Suprema terne como candidatos a la ex viceprocuradora Marta Castañeda o al controvertido Wilson Ruiz, lo que de ocurrir sería un poco más que una tragedia colectiva.

Mejor dicho, toda situación mala es susceptible de empeorar.

Adenda. La comunidad jurídica y en particular la del Externado han perdido recientemente a los grandes profesores Carlos Restrepo Piedrahíta y Daniel Manrique Guzmán. Gratitud eterna con ambos.

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