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La desaceleración

Salomón Kalmanovitz

24 de agosto de 2008 - 08:18 p. m.

LA ECONOMÍA COLOMBIANA NO ES INmune a lo que está sucediendo en Europa y Japón, que entraron en franca recesión, y menos de Estados Unidos, que está en el vestíbulo de la más larga y profunda contracción de los últimos 30 años. La política monetaria con que a duras penas se ha evitado la baja de la actividad norteamericana ha sido emitir en exceso, con lo cual el dólar se ha devaluado, pero no ha impedido que prosigan las quiebras financieras y el apretón crediticio. Tal política ha contribuido también a la inflación mundial.

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El presidente Uribe y varios de sus ministros en gavilla responsabilizan al Banco de la República… de la devaluación del dólar o, lo que es lo mismo, de la revaluación del peso. Pero al mismo tiempo dictaminan que la inflación es importada y que, por lo tanto, la autoridad monetaria debe ser complaciente con ella. La última vez que el Emisor elevó su tasa de interés clamaron al cielo sobre el nefasto impacto que tendría sobre la suerte de los exportadores, el empleo y el crecimiento. Sin embargo, cuando el peso se devaluó durante las dos últimas semanas, dijeron que ese sí era un fenómeno internacional.

Y ciertamente el dólar se fortaleció porque las economías de Europa y Japón se habían debilitado más que la norteamericana y además bajó el precio del petróleo. Pero el Presidente y los gremios nunca dijeron que la revaluación del peso también había sido un fenómeno internacional y no le pidieron excusas al banco por haberlo acusado injustamente por tanto tiempo.

El exceso de poder que disfruta el Presidente lo ha convencido de que todo lo sabe, y  que domina incluso los más recónditos secretos de la economía, la ciencia siniestra. Así ha dicho que la inversión se determina por los favores que le hace el Gobierno a sus dueños y no por las condiciones de demanda o del clima macroeconómico. En efecto, como era de esperarse, la inversión se viene deteriorando con la desaceleración de la economía sin importar qué tantas prebendas ofrezca.

También cree el Presidente que la pobreza la puede acabar endeudando cada vez más al Gobierno Central, haciéndose la ilusión de que le va a salir gratis (sin redistribución del ingreso vía impuestos y gasto social sin corrupción). A mí me imprecaron unos reporteros por decir que había que reducir el gasto y me acusaron de ser  enemigo de los pobres.

La Presidencia decretó además que la inflación no se atenúa con alzas de la tasa de interés. Pero el análisis de precios dice una cosa distinta: lo que se define como “inflación básica”, canastas sin alimentos o combustibles, va al alza, reflejo de condiciones de demanda excesiva que se corroboran al analizar el crecimiento del crédito de consumo (18% anual) y por el aumento del gasto público de 2008, y en el que se insiste para 2009. La inflación, entre tanto, ha aumentado la pobreza, la indigencia y la desnutrición.

El país todo va a pagar caro las políticas macroeconómicas equivocadas del Gobierno. El recaudo tributario el año entrante va a sufrir un descenso provocado por la desaceleración y la regalada de impuestos. Si se insiste tercamente en aumentar el gasto para tantos y loables propósitos, entonces vamos para un déficit del Gobierno enorme, imposible de financiar. El deterioro fiscal nos va a rajar en la calificación de riesgo que tiene el país y ello alejará muchos capitales. La desaceleración se tornará en franca recesión. Se demostrará entonces que las exitosas perspectivas que se asomaron en los años pasados se desperdiciaron en forma deplorable.

* Decano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

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