¡La dimensión humana vuelve a las grandes industrias!

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Por: Julián Restrepo*

Mucho se ha escrito últimamente sobre la necesidad de repensar nuestra economía una vez haya pasado lo peor de esta crisis mundial. No solo por el hecho de que vamos a tener que buscar soluciones para revivir muchos sectores de la economía que se han visto afectados, sino porque tenemos que aprovechar esta coyuntura para hacer un alto en el camino y planear un mundo más equitativo y por ende, mejor
preparado para enfrentar próximas crisis.

La resiliencia de nuestras sociedades parece está fundamentada en que todos gocemos de unas condiciones mínimas vitales que hoy en día mucha de la población mundial no goza. La responsabilidad de esto no se le puede endilgar exclusivamente a los gobiernos de ciudades y países; mucho se puede hacer desde la empresa privada.

Hace poco tuve la fortuna de reunirme con una empresa de los Países Bajos cuyo modelo de negocio está basado en economías circulares y me parece que nos puede dar luces sobre el tipo de emprendimientos que pueden contribuir a tan necesario cambio.

Si hacemos un análisis metabólico sobre cómo funcionan las ciudades (flujos de personas, energía, productos y desechos) nos damos cuenta de que la mayoría de los bienes y servicios que consumimos vienen de fuera, son de un solo uso y luego se envían para que se procesen a grandes distancias. Sobra decir que esto implica un exceso de consumo de energía y, en la mayoría de las ocasiones, implica una acumulación de capital en pocas manos.

¿Qué pasa si en lugar de perpetuar un modelo de negocio centralizado en la búsqueda de eficiencias, desarrollamos pequeñas unidades de producción que se ubiquen en donde se necesitan? Esto es precisamente lo que logró la empresa en cuestión. Esta empresa recicla llantas desechadas –de las cuales tenemos cientos de miles arrumadas en botaderos alrededor del país– para elaborar productos para el sector
de la construcción. Más específicamente, para hacer techos verdes.

La industria de la construcción es una de las que más contamina alrededor del mundo; es por ello que de por sí, la empresa ya está contribuyendo a bajar la contaminación.

Sin embargo, lo que de verdad me sorprendió no fue la calidad de su producto, que igual es muy bueno, sino su modelo de negocio. En lugar de tener su fábrica principal en los Países Bajos –lo que implicaría trasportar las llantas hasta ese país y luego distribuir alrededor del mundo el producto– tienen una fábrica modular que se puede enviar en unos pocos contenedores a cualquier parte del mundo. Esta fábrica se puede instalar y ser operacional en cuestión de tres semanas.

Esto tiene unos beneficios evidentes: los desplazamientos y costos se minimizan al máximo, se descongestionan vías nacionales, se genera empleo localmente y se genera inversión en la ciudad en cuestión.

Por otro lado, la empresa autoriza a los operarios de la fábrica modular a hacer mejoras al sistema y al producto si lo ven posible, con la condición de que compartan el conocimiento entre la red de pequeñas fábricas alrededor del mundo. Lo anterior impulsa un sistema evolutivo de producto que pocas multinacionales podrían replicar. ¡La dimensión humana vuelve a las grandes industrias!

Imaginemos que montamos alguna de estas fábricas en uno de los 1.103 municipios de nuestro país. Podríamos rápidamente llevar industrias a muchos lugares en los que prima el desempleo y la falta de oportunidades, zonas a las que despachar productos es difícil y costoso; aún recuerdo un titular de prensa que decía “sale más caro llevar carga a Buenaventura que a Japón”.

Ahora imaginemos que estos módulos no son solo para reciclar llantas, sino que abarcan una serie de productos y servicios que podrían incrementar la capacidad de los municipios para abastecerse a sí mismos y generar empleos. A

hora imaginemos que cada municipio empezara a adaptar la tecnología a sus necesidades específicas y generar valor agregado a sus productos y por ende a retroalimentar a los demás municipios de su red para implementar dichas mejoras.

Ahora, hagámoslo realidad.

* Socio de TALLER arquitectos

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