La economía y la pandemia

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El impacto de la pandemia en la economía ha sido monumental. La industria decreció 36 % en abril y en mayo mejoró un poco al contraerse 26 %, sumando 47 % durante dos meses; algo parecido ocurrió con las ventas al por menor. En abril se perdieron 5,3 millones de empleos, una cuarta parte del total. La tasa de desempleo en ciudades aumentó del 11,3 % en febrero al 24,5 % en mayo. La participación de la población en la fuerza de trabajo también cayó ocho puntos, lo que significa que la gente ni siquiera salió a buscar trabajo.

El comercio exterior de Colombia ha sido muy golpeado por la contracción de la demanda global. En mayo las exportaciones fueron de US$2.237 millones, 40 % menos que el mismo mes de 2019; las de combustibles cayeron 57 %, pero mejoraron un poco frente al resultado del mes de abril, que no alcanzó los US$2.000 millones. Las importaciones, entre tanto, fueron de US$3.100 millones en mayo, un 32 % menores a las del mismo mes de 2019, profundizando un déficit comercial muy voluminoso de US$900 millones en junio. Se revela un profundo desequilibrio macroeconómico que debe relacionarse con el gasto público y el déficit fiscal. El Gobierno abandonó a buena hora la regla fiscal, inspirada en la creencia de que el equilibrio presupuestal es prioritario, admitiendo un déficit del 8,2 % del PIB para 2020, el más elevado en toda la historia del país. La razón es que el recaudo cayó más del 2 % del PIB y la pandemia requiere gastos ingentes, no contemplados en las cuentas iniciales del Gobierno.

Hubo también una deflación que no se presentaba desde la gran recesión del año 2000, con una caída del 0,4 % del nivel de precios en junio pasado. Se insinúa así una contracción de la demanda más profunda que de la oferta. La Cepal, siempre trasnochada, calcula que la economía colombiana caerá 5,6 % en 2020, supuestamente la que menos decrecerá en América Latina, algo que todavía depende de la extensión de la pandemia y de los cierres que tengan que hacerse para enfrentar la presión sobre el sistema de salud. Viendo la pésima política del señor Bolsonaro en Brasil, que ha propiciado el contagio de dos millones de personas, mientras se proyectan 200.000 muertes, y los malos resultados de Perú y Chile, a Colombia puede que le vaya igualmente muy mal.

La apertura que promovió el gobierno Duque ha sido menos inteligente de lo pensado, porque contribuyó a trepar de manera exponencial el número de contagios, que alcanzan los 180.000 al 17 de julio. El número diario de casos reportados se redujo de 3.700 a 3.300 en la semana pasada, vislumbrando que nos estábamos aproximando a una suavización de la curva, según Jorge Tovar. No obstante, los más de 8.000 casos del 16 de julio crean nueva incertidumbre sobre la intensidad del rebrote. De todas maneras, los nuevos casos impondrán un alto costo al sistema de salud por los enfermos que se complican y requieren de camas UCI, que están cerca del tope de utilización.

El Gobierno insiste en sus políticas fallidas de reactivación con los dos días sin IVA, que no tienen un impacto generalizado en toda la producción de bienes y servicios, favorecen a los consumidores que cuentan con dos millones de pesos disponibles para comprar electrodomésticos importados e implican una pérdida importante de ingresos fiscales sin ton ni son. El tercer día sin IVA, programado para el 19 de julio, fue aplazado debido a las medidas restrictivas; en verdad, debiera abandonarse porque es una pésima idea.

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