Por: Julio Carrizosa Umaña

La expansión de Bogotá

Algunos candidatos a la Alcaldía de Bogotá quieren que la ciudad se expanda en el sur y en el norte sin darse cuenta del error grave implícito en sus propuestas. Esos deseos de campaña rompen la política de compactación y densificación urbana que lleva ya varios años y significan sellar los pocos suelos planos productivos que le quedan al Distrito y destruir buena parte de la estructura y el patrimonio ecológico de la altiplanicie.

Algunos candidatos a la Alcaldía de Bogotá quieren que la ciudad se expanda en el sur y en el norte sin darse cuenta del error grave implícito en sus propuestas. Esos deseos de campaña rompen la política de compactación y densificación urbana que lleva ya varios años y significan sellar los pocos suelos planos productivos que le quedan al Distrito y destruir buena parte de la estructura y el patrimonio ecológico de la altiplanicie.

Al norte quedan un poco más de 5.000 hectáreas planas entre la calle 220 y el límite del Distrito Especial. Estos suelos son buenos para la producción agropecuaria y en los límites de la ciudad hay todavía varias haciendas que producen eficientemente hortalizas, flores y leche. En la zona la precipitación es más abundante que en el resto de la ciudad, y los cerros, todavía cubiertos de bosque, están cerca del río.

Por estas razones y por las características de los suelos, el profesor Thomas van der Hammen identifico allí una parte importante de la estructura ecológica de la sabana y recomendó la conformación de la reserva forestal del borde norte en 1.500 hectáreas que hoy llevan su nombre. Urbanizar el resto significaría destruir esta estructura, disminuir la producción agropecuaria y evitar que la precipitación en la zona, que siempre se ha llamado “cielo roto”, ayude a menguar la contaminación del río y al contrario se convierta en portador de las heces y basuras de una nueva ciudad que podría tener más de un millón de habitantes.

Al sur ya quedan muy pocas tierras planas sin urbanizar y la expansión de la ciudad significaría extenderse a lo largo de las vegas del río Tunjuelo, cubriendo las colinas que rodean Usme, eliminando las pocas zonas verdes en los altos de Ciudad Bolívar o urbanizando el prepáramo de Sumapaz. Quienes viven en esas zonas podrían informar a los candidatos de la tragedia que significa vivir a dos horas de los sitios en donde podrían encontrar trabajo y sujetos a los dramas de la homogeneidad de la pobreza.

Algunos urbanistas dicen que es peor que las poblaciones crecientes de los municipios de la sabana sean las que urbanicen la altiplanicie al occidente y al norte. Pienso que tienen algo de razón y que si no densifican y compactan a Bogotá la única solución es disminuir la velocidad de crecimiento de la capital construyendo en otras regiones ciudades que constituyan alternativas reales de refugio, trabajo y calidad de vida, pero para eso es necesario un acuerdo nacional.

 

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