Por: Julián López de Mesa Samudio

La fotografía de Alan Kurdi

Una imagen vale más que mil palabras, reza el dicho.

Existen algunas imágenes que reemplazan todas las palabras de todos los idiomas. De la misma forma, no existen palabras, en ninguna lengua, para describir el efecto que producen ciertas imágenes. Tal es el caso de la foto de Alan Kurdi.

Al igual que en su momento las fotografías de Bo Tat Thich Quang Duc, el monje budista que se inmoló en público en 1963, El hombre del tanque de la plaza Tiananmen en 1989 o la niña vietnamita quemada con napalm, por citar sólo algunos ejemplos en los cuales una imagen fija altera dramáticamente el imaginario popular relacionado con el problema que representa. La foto de Alan Kurdi se ha convertido en el símbolo del horror, del abandono, de la inhumanidad, de una de las peores catástrofes de la humanidad contemporánea: el desplazamiento forzado; se ha transformado en la insignia que cataliza el cambio de actitud frente a dicha encrucijada.

La foto del niño kurdo ahogado en una playa turca le ha dado la vuelta al mundo y ha hecho más por el problema de los refugiados y los migrantes que miles de libros, artículos, leyes, campañas, columnas y documentos sobre el tema.

Tres años: el niño, cuya familia huía de la violencia en Siria desde antes de que él naciera, tenía tan sólo tres años. Alan Kurdi es uno de los miles, millones, que en el mundo deben dejarlo todo para tratar de llegar a tierras donde por lo menos se pueda sobrevivir.

La fotografía puede ser considerada amarillista y escandalosa -acusaciones que no han tardado en aparecer y que han hecho que algunos diarios como Bild la retiraran de sus ediciones digitales-, pues pocos fenómenos generan tanta fascinación como la representación gráfica de la muerte. La foto de Alan Kurdi es espeluznante porque no revela una muerte espectacular; lo que muestra es el abandono, el desinterés, la insignificancia de la vida de tantos alrededor del mundo: un diminuto y frágil cuerpo, el cuerpo de un bebé, abandonado por el mar en una playa; solo, sin familia, sin amigos, sin nadie a quien le importe su suerte… la representación visual de la tragedia de todos los refugiados del planeta.

Aunque en el 99% de los casos una fotografía como esta, en la que se retrata a un bebé ahogado, sería reprochable por nutrirse del escándalo y el morbo, en este caso mostró todo su valor para transmitir, como lo ha hecho, el sinfín de emociones y pensamientos que se requieren para despertar al mundo de su indolencia e ignorancia frente al flagelo de las migraciones forzadas. Así como con El hombre del tanque en su momento, la foto de Alan Kurdi no deja indiferente a nadie y ha hecho que entes privados y públicos se movilicen en pro de alivianar en algo las cargas de los refugiados. Ojalá así sea y la foto de Alan Kurdi sirva para que su tragedia no vuelva a ocurrir.

@Los_Atalayas
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