Por: Augusto Trujillo Muñoz

La gobernanza de Bogotá

Las lógicas que se entrecruzan en el ámbito político de la capital son, naturalmente, distintas a las que animan las políticas nacionales. Por eso es conveniente mantener fechas separadas para los dos tipos de elecciones —nacionales y territoriales— e inconveniente asumir el debate electoral como si estuviéramos frente a unas “primarias” para la Presidencia de la República.

Sobre los actuales candidatos a la Alcaldía de Bogotá pesa, como un lastre, esta última circunstancia. Con la excepción de Carlos Fernando Galán, los demás parecen agentes de candidaturas presidenciales heredadas del debate anterior o voceros de políticas nacionales pensadas más para la próxima elección que para la próxima generación.

Detrás de Claudia López está Sergio Fajardo y detrás de Hollman Morris, Gustavo Petro. Miguel Uribe expresa intereses políticos de expresidentes de la República que deberían estar llamando al consenso para facilitar la gobernanza, en vez de contribuir a la polarización. Yo no entiendo a jóvenes como la misma candidata López o como las congresistas Paloma Valencia y María Fernanda Cabal, prefieren estimular el odio sobre las convocatorias al entendimiento con el otro. Están en el pasado. Fueron los dirigentes los que provocaron la Violencia del medio siglo anterior.

Galán se inscribió por firmas. Representa la herencia de pulcritud en la política que significó su padre, y no se ha dejado impregnar por esta subcultura de los antivalores que contaminó a casi todo el cuerpo de la sociedad colombiana. Pero también representa un cambio en el estilo político de generaciones anteriores. Se aproxima a la gente y se sintoniza con el ciudadano común, más allá de la militancia de los partidos políticos.

El siglo XXI se inició en Bogotá bajo la administración de Enrique Peñalosa. Dos décadas después el alcalde de la ciudad es, de nuevo, Enrique Peñalosa y, al parecer, quiere seguirlo siendo por interpuesta persona. Eso también polariza. A estas alturas la ciudad requiere un gobierno que integre y no rompa, que aproxime y no confronte, que una y no divida. Galán significa una convocatoria al consenso.

Bogotá no necesita utilizar el esquema gobierno-oposición, ni hacer dicotomías entre sus sectores o entre sus estratos. Necesita una especie de “acuerdo sobre lo fundamental” que avale su gobernanza. Así han progresado las grandes ciudades del mundo, así garantizan sus grandes proyectos, así integran al ciudadano en la urgente recuperación de la política como servicio autentico a la comunidad.

Galán tiene propuestas claras, viables, progresistas. Pero tiene, además, la formación, la person  alidad, el temperamento de un hombre prudente, idóneo, firme. No quiere espejo retrovisor porque no va a reeditar odios. No grita porque las cosas importantes se dicen con el volumen propio del diálogo. No recita porque su lección no es aprendida sino construida para una ciudad que necesita convertir en bogotanos a todos sus habitantes.

@Inefable1

* Exsenador, profesor universitario.

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