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HAY DILIGENCIAS DE LA VIDA diaria que no entiendo. Sin embargo toca plegarse a ellas, aun cuando el ciudadano salga perjudicado con la ineficiencia y mediocridad de los tecnoburócratas.
Un ejemplo: el impuesto al Fondo de Deporte que se cobra del estrato cuatro para arriba con la factura de la ETB. ¿Por qué en los bancos o lugares donde se pagan las facturas preguntan que si es o no con el impuesto del Fondo del Deporte? ¿Es que es voluntario? ¿Qué les pasa a los que no pagan el impuesto: les cortan el teléfono o hay una acción coercitiva del Distrito? ¿Por qué lo recoge la ETB? Estos fondos, según averiguaciones que yo hice directamente con el IDRD, van para fomentar deportistas, pero, ¿cómo, cuándo, dónde? Hay muchas personas que no figuran en el directorio telefónico por seguridad personal, y tienen que pagar más por el impuesto del deporte. Está bien que la gente más solvente subsidie pagando mayores contribuciones, pero es necesario que haya un mecanismo convincente y una explicación sensata, que no sea a la guachapanda.
Otro ejemplo es el de las cédulas. ¡Hay que cambiar la cédula de ciudadanía y no hay que dejarlo para última hora! Muy bien. Así como yo fui el 26 de diciembre de 2006 a hacer esta diligencia, miles de personas aprovecharon las vacaciones para hacer lo mismo. Allí nos dijeron que en octubre de 2007 podíamos pasar a recoger la cédula nueva. Pasé en octubre de 2007 y me dijeron que volviera en enero de 2008. Volví y me dijeron que volviera en julio de 2008. Hasta la fecha, nada. Ahora dizque las van a mandar a domicilio, con un costo de 20.000 pesos. Lo veo difícil. Más ahora cuando se le viene encima a la Registraduría Nacional el referendo de la segunda reelección de Uribe, además del referendo para imponer cadena perpetua a violadores y el del agua potable. Ya el registrador salió a decir que no tenía recursos ni gente para hacer el trabajo. Los gastos, según la Registraduría, sumarían $1.609.707.696.
La señora registradora anterior quiso pasar a la posmodernidad con el cambio de cédulas. Quién sabe cuánta plata se gastaron para adquirir esas máquinas que sacan la cédula con huella digital y a colores. Lo cierto es que después de dos años y medio no tenemos la cédula nueva. Y seguimos yendo a las registradurías a mendigarlas. Como todo en Colombia: a la guachapanda.
Y qué decir de la ingrata PILA. Se inventan cosas pensando que los ciudadanos solamente son estadísticas en un papel. Para resolver el problema de la PILA, la gente ha tenido que transportarse y el transporte cuesta. Tiene que dejar el trabajo y perder ingresos para hacer filas interminables. O acceder a internet, gente que en algunos casos escasamente sabe leer, para pagar su salud y pensión. Pero qué les importa a los tecnoburócratas. Ellos hicieron su trabajo divinamente, moviendo números: en el computador todo salió bien. Pero, señores, ustedes no están jugando Nintendo, están tratando con gente de verdad, que siente y que piensa y que, en este caso, es en buena parte de bajos recursos. Pero que más da; háganlo a la guachapanda y olvídense de los perjuicios que les están causando a los usuarios. ¡Que vayan a quejarse al mono de la pila!
