Por: Reinaldo Spitaletta

La hipocresía de Occidente

Los pretextos para invadir un país, dar un golpe de estado, declarar una guerra, han sido parte de la táctica de Occidente, en particular de Estados Unidos, el autodenominado “campeón de la libertad”, pero, a la postre, un país de los más violadores de soberanías. La defensa de sus intereses nacionales hace, que sin empacho alguno, meta sus narices y sus botas en suelos ajenos.

Ah, y fuera de eso, cuando es víctima de algún atentado, como el del 11 de septiembre, hace todo lo posible para que las conmemoraciones sean mundiales y sean ellos vistos como las víctimas. Y no, como han sido en numerosos conflictos, los victimarios.

Lo mismo ha pasado con Europa. El continente de la civilización y la cultura, es, por paradoja, el que ha creado personajes como Hitler y acontecimientos tan depravados y bárbaros, como el holocausto. Más reciente, hay casos de espanto, como el genocidio cometido en la ex Yugoeslavia, en donde tropas de la Otan y de Estados Unidos, convirtieron la zona en un infierno. Y todo, en nombre de la democracia y la libertad. Pasó otra vez, con el problema de Libia. La hipocresía europea y gringa aquí sí ha sido de risotada.

No han sido los “rebeldes” los que han hecho volar a Gadafi. Fueron la Otan y los norteamericanos. El ministro de Asuntos Exteriores de Francia, ha dicho: “La meta de Alemania y Francia ha sido la misma: devolver a los libios la libertad”. De cuándo acá tan interesados por la libertad de unos africanos. Todo radica en el petróleo y el gas libios. Quiénes de los mandamases europeos no se tomaron fotos con el tirano de Libia. Quiénes no lo abrazaron y se dejaron besuquear. Sarkozy, Zapatero, los alemanes, los ingleses, los italianos de Berlusconi. Asunto de negocios: ellos, los libios, compran las armas europeas y estadounidenses, y venden crudo y gas. Qué libertad ni qué nada.

Y volviendo a la gringada, los hechos históricos han mostrado tantas villanías, que es muy vasto el prontuario. Es si no recordar, por ejemplo, el montaje realizado para poder declarar la guerra a Vietnam, en los sesentas. Los norteamericanos fingieron ataques contra sus naves en el golfo de Tonkín y entonces Lindon B. Johnson pudo tener un pretexto para mandar sus tropas. De todos modos, cara le salió la aventura y al fin de cuentas un pequeño pueblo derrotó a la mayor superpotencia de todos los tiempos. Y a propósito, ¿qué tan importante es para Occidente conmemorar la caída yanqui en Vietnam?

Mucha prensa tienen las conmemoraciones de los atentados contra las Torres Gemelas, pero, como lo advertía recientemente un corresponsal de guerra inglés, qué tanto valor tiene para los medios occidentales recordar la masacre de Sabra y Chatila, ocurrida el 16 de septiembre de 1982, en la que fueron asesinadas más de tres mil personas en Palestina. Millones de iraquíes han sido masacrados desde la invasión norteamericana a ese país, pero, ¿si es importante para Occidente hacer un balance de esas matanzas, recordarlas, poner en la picota a sus promotores?

¿Ha sido de interés para Occidente saber que la invasión a Irak se realizó con base en mentiras orquestadas por Washington y Bush, y que la ONU, organismo de bolsillo del imperio, auspició el embuchado? Y el cuentico ha sido que se trata de llevar la libertad y la democracia a esos pueblos, cuando, volvemos a lo mismo, a Europa y Estados Unidos la libertad de los otros les tiene sin cuidado. Interesan, por encima de esas consideraciones, las riquezas que tengan y cómo apropiárselas. Qué importa si para ello hay que montar un dictador (y luego desmontarlo) o un presidente elegido popularmente. O poner a la CIA a derrocar o a asesinar.

Lo que menos interesa es si después de lo sucedido en Libia, allí se establezca una democracia o una dictadura. Importa es que el petróleo y el gas sigan siendo parte de la rapiña de Occidente. Hay que invocar la democracia mientras se tiran las bombas. Lo demás, son daños colaterales.

 

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