Por: Claudia Morales

La Iglesia y su código de silencio

El papa Francisco anunció esta semana la decisión de abolir el secreto pontificio, aprobado en 1974 por Pablo VI, para los casos de abusos contra menores, violencia sexual y pornografía, entre otros delitos, en los que están involucrados sacerdotes de la Iglesia católica en distintas sedes del mundo.

Sobre curas abusivos, en los últimos tiempos hemos visto con horror lo que han develado periódicos como The Boston Globe, distintos medios chilenos con el caso Karadima y, aquí en Colombia, la investigación del periodista Juan Pablo Barrientos recogida en su libro Dejad que los niños vengan a mí.

“La Iglesia permitió los abusos de un cura durante años”, fue el titular con el que, sin matices, los periodistas del Globe señalaron en el año 2002 a la Arquidiócesis de Boston y al intocable arzobispo Bernard Law de esconder los abusos sexuales a niños por parte de uno de sus curas. De un solo victimario, la investigación pasó a determinar que entre 1984 y 2002, solo en Estados Unidos, un centenar de curas abusaron de 17.000 menores de edad. Law fue el mayor encubridor, nunca rindió cuentas y murió protegido por los altos jerarcas de Roma.

Los colegas investigadores recibieron el premio Pulitzer y su trabajo inspiró la cinta Spotlight, que ganó el premio Óscar como mejor película y como mejor guion original. Martin Baron, el entonces director de The Boston Globe, aseguró que esa investigación debería servir para “que todos tengamos una mayor disposición a escuchar a quienes demasiado a menudo están indefensos y sin voz, incluidos los que han sufrido abuso sexual y de otro tipo”.

En Colombia, Juan Pablo Barrientos ha recibido amenazas de curas y creyentes fanáticos, y fue entutelado tres veces con el fin de que fuera prohibida la venta de su libro. El periodista ya ganó los recursos en segunda instancia, pero dos curas, Ovier de Jesús Galvis Sánchez y Luis Carlos Salazar Jaramillo, persisten en sus acciones legales. De los 18 curas denunciados en su publicación por abuso sexual contra menores, solo dos recibieron sanción de la justicia y, aun así, protección de la Iglesia.

Le pregunté a Juan Pablo por el anuncio del papa Francisco y contestó: “No es ningún avance porque el papa ha dado directrices de todo tipo y los obispos no las acatan, empezando por el arzobispo de la Arquidiócesis de Medellín, Ricardo Tobón Restrepo. Es, tal vez, un esfuerzo interesante y genuino, pero no vincula ni obliga a los obispos a revelar el secreto pontificio”. Tobón es mencionado en la investigación como uno de los encubridores de curas pederastas.

Me explicó mi colega investigador que las denuncias de pederastia llegan a la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es como la fiscalía del Vaticano, “y es lo más hermético del mundo, no dan ninguna información a las víctimas”. Y me aclaró que desde el 2012 la Organización de las Naciones Unidas le ha pedido al Vaticano la documentación sobre los abusos cometidos por los curas y no la ha querido entregar. Si fueran reales las intenciones de cambio, añadió el periodista, lo que debió hacer el papa Francisco era darle vía libre a esa petición del organismo internacional, que lo que pretende es rastrear casos de crimen organizado bajo el Convenio de Palermo.

Admito que algo de esperanza me llegó con el anuncio papal. Pero luego de oír a mi colega, solo quiero anotar que esta grave estela de delitos de los curas católicos tiene que recordarle a la sociedad la importancia de seguir investigando con rigor a las instituciones poderosas. Por fortuna, existe el buen periodismo para este fin.

@ClaMoralesM

* Periodista.

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2019-12-20T00:00:57-05:00

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2019-12-20T02:21:16-05:00

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