Por: Héctor Abad Faciolince

La lengua no tiene la culpa

Muchos, y me incluyo, en vez de debatir con seriedad el tema del lenguaje incluyente, zanjamos la discusión con una burla. En este artículo haré todo lo posible por argumentar lo que pienso sobre el tema sin burlarme. Sostengo que las lenguas naturales (el español, el chino, el quechua…) no son machistas ni feministas, no son capitalistas o socialistas, es decir, que las lenguas no tienen ideología, que la gramática no es ideológica en sí misma, y que todas las lenguas se pueden usar —claro está— para oprimir o para liberar. Mejor dicho: que echarle la culpa de la opresión machista, que existe, a la estructura de la lengua, es un error.

Naturalmente las lenguas se pueden usar de una manera racista, machista, excluyente, discriminadora, etc. Si yo digo: “las mujeres son menos inteligentes que los hombres”, estoy expresando una idea sexista. Pero ese machismo y ese sexismo no es de la estructura de la lengua que me permite hacer una frase así, puesto que esa misma lengua me deja decir: “la evidencia científica demuestra que hombres y mujeres tienen capacidades intelectuales análogas”.

Lo machista es creer que la lengua (una estructura mental profunda y una construcción colectiva) la construyen solo los varones, la sociedad patriarcal, y no las mujeres. Es sabido que una lengua no la hacen las escritoras, ni las academias, ni los dictadores, ni los jueces, sino todo el mundo, las personas de la calle, la gente común y corriente. La lengua, por lo tanto, es una construcción de mujeres y de hombres, y no veo por qué las mujeres hubieran querido “excluirse” en una lengua materna (¡!) a la que ellas han contribuido, como mínimo, con la mitad de los impulsos lingüísticos. Creer que las mujeres simplemente han tenido que someterse a la lengua de los machos, u obedecer al idioma que ellos crearon, es de verdad pensar que las mujeres han sido bobas y mudas. Y las mujeres ni son más bobas ni hablan menos que los hombres.

Vengo ahora al debate de esta semana: si el plural de género masculino, usado para ambos sexos, es un rasgo machista del español, y si el uso de este plural masculino para designar a hombres y mujeres las excluye y las vuelve invisibles. No lo creo. Hay una categoría gramatical que se llama el epiceno. Este consiste en que con un solo género gramatical (masculino o femenino) se designa a seres animados de uno u otro sexo. Bebé, lince, pantera, víctima, son todos “epicenos”, es decir, palabras masculinas o femeninas que sirven para designar a ambos sexos. Si digo que las panteras son negras, que los bebés son tiernos y que los linces están copulando, me refiero en todos los casos a machos y a hembras.

El plural de género masculino no marca siempre el sexo y se comporta, podríamos decirlo, como un plural epiceno: es decir, que a pesar de tener género gramatical masculino, incluye a los dos sexos. Cuando, tras una pena familiar, una mujer dice que “todos estamos muy tristes”, para referirse a su familia de hombres, y a sí misma, no se está excluyendo por usar el género gramatical masculino. Uno no debe usar la lengua de un modo suspicaz, creyendo que no dice lo que está diciendo. La lengua es clara, y no hay que achacarle una malevolencia que no tiene.

Decir que “todos” excluye a las mujeres es una falacia, es introducir una sospecha de malas intenciones machistas en la lengua, y la lengua es inocente. El espíritu profundo del español no tiene sesgos machistas. Si leo: “todos deben obedecer a la autoridad”, nadie cree que en este caso se les pide obediencia solo a los hombres, y que las mujeres, por arte y magia de un plural masculino que las excluiría, tienen la dicha de no tener que obedecerla. Si las mujeres, por maldad de una lengua machista, estuvieran excluidas de lo bueno, entonces habría que reconocer que esa lengua machista las excluye también de lo malo. “Los ladrones deben ir a la cárcel” ¿es una frase que excluye favorablemente a las mujeres y por lo tanto las ladronas están exentas de esta condena?

 

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