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hace 6 horas
Por: Hernán Peláez Restrepo

La moral

Cuenta la leyenda de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador —guerrero que peleaba contra moros y cristianos y por ello algunos historiadores españoles lo calificaron de mercenario—, que ganó su última batalla en Valencia “a puro cuento”. La confrontación duró dos días. El primer día murió, pero para el segundo su esposa, doña Jimena, lo hizo vestir con su armadura completa y sus espadas, y montado sobre Babieca, su caballo, apareció en el campo de batalla. Ese gesto insufló moral a sus tropas y desmoralizó a las huestes rivales. Hay necesidad de añadir que su cuerpo embalsamado y colocado en una silla se mantuvo durante diez años hasta su entierro. Fue un ser de carne y hueso, aunque la leyenda creció y eso encumbró su figura, si no a los altares, sí a la imaginación.

Este cuento lo traigo a propósito de James Rodríguez. Así no sea titular en Real Madrid —y sus razones tendrá Zidane para no ponerlo—, es un jugador cuya presencia en la selección genera, sobre todo para sus compañeros, un aliciente moral. Por eso el cuento de El Cid.

James no tiene suficientes minutos de competencia y quizá no esté en su mejor momento. Sin embargo, con la camiseta colombiana crece en juego e influencia. Carlos Queiroz anotó en una entrevista reciente que “había necesidad de ayudarlo”. Diría que él también tiene la obligación de “ayudarnos” en la tarea de conseguir la clasificación al Mundial. Aunque siempre se recomendó que solo debieran ser llamados aquellos jugadores en alto nivel de competencia y rendimiento, con James se haría una excepción, pues su presencia dará moral al grupo.

Le pregunté a Ramón Jesurún sobre unas versiones, en boca de todos, de las exigencias de titularidad y detalles hechos por James. Me dijo que eso era falso, y a la gente hay que creerle hasta que no se compruebe lo contrario.

Pasando al asunto de la asamblea de la Dimayor, es probable que antes de ella varios presidentes de los clubes profesionales eleven un derecho de petición a la cabeza de la entidad. ¿Las razones? Hasta el día 25 de febrero, la empresa que tiene el contrato para venta de derechos de televisión internacional no tenía la documentación en regla. Esa empresa está en el paraíso fiscal del estado de Delaware, en Estados Unidos. Sorpresivamente el 27 de febrero la empresa estaba con todo listo para operar.

Por supuesto la negociación fue avalada y autorizada por los 36 afiliados a la Dimayor que, por lo visto, ni leen ni se enteran de qué autorizan. Ellos son los primeros responsables de que el negocio no funcione, pero el derecho de petición va orientado a exigir explicaciones de por qué no se ejecutó la “debida diligencia” por parte de la rectora del fútbol. El señor Vélez, antes de la asamblea, con datos ciertos, debe contar el desarrollo de esa gestión, porque ninguno de los 36 equipos ve el dinero prometido y menos “montañas de dólares”. Lo grave de este caso es haber firmado contrato y cedido opciones de negocio a una firma que no estaba legalizada para la gestión.

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2020-02-29T22:00:00-05:00

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