La no repetición que se repite

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Si eran niños, no se les debería decir guerrilleros; si eran guerrilleros, difícilmente podían seguir siendo niños. Pese a lo poco o nada que cree el Centro Democrático en la justicia transicional, el macrocaso 007 de la JEP ya aborda el tema del reclutamiento de menores de edad por parte de grupos armados.

Se sabe que otros grupos armados, como es el caso del Ejército, también abusaron de los menores de diferentes maneras. Violencia sexual contra civiles, por ejemplo. O uso estratégico de menores para funciones varias, como lo documentó en su momento el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Sin ir tan lejos, en un publicitado bombardeo del Ejército a las disidencias murieron menores de edad. Según investigaciones recientes, el gobierno del presidente Duque estaba enterado de la edad de los atacados en Caquetá y aun así se dio la orden. Un crimen de Estado más. Con aplausos y rueda de prensa.

Los bemoles de la historia en el caso de las Farc-Ep son considerables. No todos los menores de edad ingresaron a la fuerza. Varios eran hijos de guerrilleros. Otros no tenían más opciones, dada la poca capacidad del Estado para asegurar su bienestar. Eran otras épocas, dirán los reclutadores de las Farc-Ep, que desde por lo menos 1982 buscaban engrosar sus filas como fuera necesario.

Cualquiera que sea el contexto, en tanto que menores de edad siguen siendo víctimas ante la justicia transicional y el derecho internacional humanitario. Quedamos entonces a la espera de qué tantas verdades reconocerán los dirigentes de las Farc-Ep que acudirán en las siguientes semanas a la JEP. En vez de grandes justificaciones morales, ojalá entiendan lo que está en juego políticamente para el proceso.

De su capacidad para aceptar errores dependen ya no solo la verdad y la reconciliación, sino también la no repetición. Además de la oportunidad para tomar distancia del estado de guerra en que aún viven los menores de edad en tantas zonas del país.

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