Una ola recorre América, es una ola azul “tekélet”, el azul de la bandera de Israel. Hace apenas tres años el continente estaba gobernado por regímenes anti-Israel. Hoy el cambio es de 180 grados y de confirmarse los pronósticos para el próximo 25 de octubre, Brasil se unirá a la ola y la empujará con todo hacia el azul profundo.
Candidatos como Javier Milei, Abelardo de la Espriella y Flávio Bolsonaro ondearon banderas de Israel en sus campañas, convirtiendo a Israel en plataforma política. El cambio es profundo y ha tenido otras ramificaciones como el rompimiento de relaciones diplomáticas de Perú y Colombia con Irán, acusando a Teherán de promover el terrorismo.
Países que mantuvieron posturas abiertamente hostiles a Israel, sin relaciones diplomáticas o sin embajadores y una fuerte retórica contra el Estado Judío; Bolivia bajo Evo y Arce, Honduras bajo Xiomara Castro y Chile bajo Boric, ya cambiaron de rumbo. La primera visita de Nasry Asfura, mandatario hondureño fue a Israel antes de su posesión, mientras que entre las primeras acciones de política exterior de los gobiernos de Rodrigo Paz en Bolivia y Antonio Kast en Chile fue restablecer las relaciones diplomáticas plenas con Israel. Y lo que podría venir desde Brasilia.
Otros países con sus nuevos gobiernos se han unido con fuerza a la ola azul cuyo progenitor es Javier Milei: Paraguay, Costa Rica, Ecuador, Perú, República Dominicana, Panamá y El Salvador. Incluso Venezuela que había roto las relaciones de un “portazo” en la era de Chávez: “Maldito eres, Estado de Israel”, anunció el restablecimiento de relaciones consulares. Y Uruguay con el gobierno de izquierda de Orsi no es adverso a Israel.
Sin lugar a dudas el gobierno más hostil desde el infame 7 de octubre de 2023 fue el de Colombia, país que hasta ese momento mantenía estrechas relaciones con Israel. Petro no condenó la masacre del 7 de octubre, rompió relaciones diplomáticas el 1.° de mayo de 2024, se unió a Suráfrica en la demanda ante la Corte Internacional de Justica, impuso visas a ciudadanos de Israel, cofundó con Pretoria el grupo de La Haya y adoptó toda suerte de medidas punitivas, además de incurrir en una clara retórica antisemita.
Es en Colombia donde el contraste no podría ser mayor. Con la llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia fue inmediato el restablecimiento de las relaciones plenas con Israel seguido de la eliminación de los visados, derogación del decreto que prohibía la exportación de carbón, reconocimiento de la soberanía sobre el Golán y retiro de la coadyuvancia con Suráfrica ante la CIJ. Y la gran cereza en el pastel: el día que se publica esta columna se inaugura oficialmente la Embajada de Colombia en Jerusalem, siendo nuestro país el décimo en hacerlo y el cuarto latinoamericano.
La otra cara de la moneda es altamente preocupante. Los huérfanos del poder en Colombia como reacción a la política exterior del Gobierno, parecen empeñados en promover una campaña de antisemitismo que empieza a adquirir preocupantes visos de violencia y vandalismo, lo que podría desencadenar en hechos que lamentar.
La ola azul tiene su sustento en que los países del continente ven en Israel un socio estratégico, un Estado que tiene mucho que aportar comenzado por la cooperación en seguridad e inteligencia, lucha contra el crimen organizado, el narcotráfico y ciberseguridad. Adicionalmente Israel, una democracia parlamentaria y un país libre, contribuye con Latinoamérica en campos como el agua, innovación, salud, agricultura sostenible, educación y energías renovables. Hay que agregar el fuerte apoyo a Israel por parte de los grupos evangélicos.
Es de esperar que la ola azul siembre raíces profundas para no depender de los gobiernos de turno.
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