La ONU virtual: el reflejo de un mundo incierto

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La ONU cumple 75 años y, por primera vez, a partir de esta semana, la reunión de la Asamblea General se hará de manera virtual. Desde 1952, cuando se inauguró el emblemático edificio sede de la ONU, se reúnen cada año en Nueva York los líderes de los países miembros de la organización para informar sobre el estado de sus políticas exteriores y hacer un balance sobre los desafíos que enfrenta la paz en el sistema internacional. Este año no es una excepción, pero la rendición de cuentas tendrá un matiz distinto al no ser presencial y hacerse en línea.

¿Cómo medir la reacción de aliados o adversarios cuando lo que están viendo es un video pregrabado? ¿Qué tan emotivo puede ser un discurso sobre violaciones a los derechos humanos o acuerdos de paz transmitido a través del filtro de una pantalla?

Una de las costumbres de la Asamblea, más allá de los aplausos y ovaciones de pie a líderes —como Eleanor Roosevelt cuando se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Nelson Mandela en 1990, Clinton en 1998 o Allende en 1972—, es que los delegados ante las Naciones Unidas se salgan del recinto de la Asamblea General para protestar no solo la presencia de ciertos gobernantes sino sus políticas. Así fue con Ahmedinejad, presidente de Irán, en 2010. ¿Cómo entonces van a protestar o a felicitar los líderes del mundo a sus colegas en el 2020? ¿Apagando las pantallas? ¿Mandando emoticones durante la transmisión?

El rol de la Asamblea General parece uno formal y ceremonioso en una organización donde las decisiones se toman en el Consejo de Seguridad. No obstante, si así fuera, ¿por qué se dan cita, año tras año, en la ONU los gobernantes?

La Asamblea General es el organismo de las Naciones Unidas que permite el debate y donde, en papel, todos los Estados tienen el mismo peso. Fue importante en 2012 cuando aprobó con 138 votos, frente a nueve en contra y 41 abstenciones, el darle a Palestina el estatus de Estado observador. En 1956 fue la Asamblea General, no el Consejo de Seguridad, la que intervino en el canal de Suez para lograr el cese al fuego y la creación de la primera fuerza de emergencia de la ONU, fuerza en la cual participó Colombia.

También es el sitio donde los delegados y sus gobernantes pueden forzar una agenda, como en el caso del Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968, y donde se imponen debates sobre temas no siempre populares como la pobreza, los refugiados, las minorías y el cambio climático, por nombrar algunos. Es un espacio donde reina por momentos una retórica osada y valiente en un sistema internacional otrora solemne y protocolario.

Su salón sede ha visto pasar líder tras líder por siete décadas y, si bien la organización está envejecida y necesita renovarse, la Asamblea General sigue siendo un lugar de reunión y discusión que fomenta la participación democrática. Es un lugar que representa la esperanza y el sueño de la paz en un mundo donde para muchos la inequidad social y económica y el conflicto son parte de su cotidianeidad. Es la imagen del ideal de las Naciones Unidas y esa imagen se transforma en un espejismo de este ideal cuando se convierte en una sala de cine; un reflejo más del 2020, que pasará a la historia como un año de incertidumbres y desconfianzas.

María Teresa Aya Smitmans. Profesora de relaciones internacionales.

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