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El presidente Duque por momentos parece entender que la crisis es una oportunidad para darle un giro audaz al curso de los acontecimientos. El hecho de haber aceptado negociar, más que dialogar o conversar, con el Comité Nacional de Paro es un indicio de ello. Pero aún no se decide a dar el timonazo necesario.
El paro sigue ya no tanto porque el Comité de Paro lo convoque sino porque la dinámica social es incontenible, literalmente el “paro no para”. La gente, sobre todo la juventud en mayor precariedad, le perdió el miedo al Covid-19, a la policía, a la muerte, a todo. “El mal gobierno es un virus más letal que cualquier otro” gritan.
El general Eduardo Zapateiro, comandante del Ejército, y Diego Molano, ministro de Defensa, se propusieron seguir la filosofía del neonazi Alex López que hace de los ciudadanos que manifiestan inconformidad un enemigo a través del galimatías de la “revolución molecular disipada”; ensayaron en Cali, Popayán, Pereira, en todas partes su ofensiva contra ese “enemigo” y la gente se creció en indignación y en capacidad de acción. Ni la policía montada en moto, caballo, tanqueta o helicóptero los arredra.
El terror de Estado no está dando resultado para contener las oleadas diarias de protesta. A mitad de la semana pasada llegaron a Villavicencio campesinos cocaleros de Meta y Guaviare que se oponen a la fumigación de cultivos de coca con glifosato y a la erradicación sin sustitución pero que, además, quieren negociación de sus demandas in situ, no en Bogotá a través del Comité Nacional de Paro.
A la crisis social se sobrepone la crisis política. “El descontento es de corte estructural… Se rebozó la copa de los reclamos sociales”, observa el profesor Mauricio Archila de la Universidad Nacional y Cinep. “El gobierno no escucha, no negocia, cuando negocia no cede, cuando acuerda no cumple, siempre simula” señala agudamente la profesora Liliana Galindo de la Universidad Distrital.
Profunda y crónica es la crisis social, dimensionada al infinito por la pandemia, a la que sistemáticamente el presidente se ha negado a reconocer y tratar mediante el diálogo. Se produce el estallido del paro y ni siquiera la contundencia del mismo lo obliga a reflexionar y salir de la burbuja en que vive.
Ya no es solo la oposición, sino su propia gente la que señala que las cosas no pueden seguir así. “El presidente deslegitimó al gobierno, deslegitimó al Centro Democrático, deslegitimó la democracia” se vio trinar desde El Ubérrimo. La comunidad internacional: gobiernos, parlamentos, Naciones Unidas, el propio gobierno de los Estados Unidos, los diarios más influyentes del mundo –New York Times, Washington Post, The Guardian, El País- asumen posiciones críticas severas sobre el manejo de barbarie policial a la protesta. He ahí la crisis política sobrepuesta a la crisis social.
Sin embargo, aun en medio de tan difíciles circunstancias, me atrevo a opinar que todavía le queda opción al presidente Duque. Ella consiste en concederle un momento fugaz de juego a la imaginación y al sentido común y entender que su destino y el del país no tienen por qué estar atados indefectiblemente a la deriva autoritaria, violenta y sanguinaria ya en curso, y que se agravaría si llegara a decretarse la conmoción interior.
Un mínimo de empatía con su pueblo debería dictarle al joven mandatario que en sus manos está tomar cuatro o cinco decisiones de Estado, vía ejecutiva y/o parlamentaria, sobre tributación, atención a derechos sociales, mitigación de la pobreza extrema, contención del uso criminal de la fuerza. Ello unido a la designación de un gabinete de crisis con figuras provenientes de un abanico amplio de partidos que le den plena confianza al país acerca de que lo decidido se cumple en aras de la justicia y la convivencia. Zapateiro y Molano no pueden seguir en sus puestos llevando el país a un baño de sangre a los ojos del mundo entero.
Si el presidente no le busca posibilidades a una opción como ésta aprovechando el reducido margen de maniobra que aún le queda, muy triste será su lugar en la historia. Si no remueve a quienes solo ven enemigos y terroristas en los hombres y mujeres, mayoritariamente jóvenes, que protestan, él mismo puede ser el removido. Pleno y rápido éxito para la Mesa de Negociación que comenzó labores el domingo 16 a las 2 de la tarde. Corta vida y muchos frutos porque el país no aguanta dilaciones.
