Por: Gustavo Páez Escobar

La prima Bette

En mi época adolescente compré en Tunja la colección Grandes novelas de la literatura universal, de Ediciones Jackson (Buenos Aires), compuesta por 32 volúmenes y 63 novelas. Estos preciosos libros, de pasta dura color verde y letras y signos artísticos estampados en el lomo, han estado conmigo desde entonces.  

Esas fueron mis primeras lecturas, bastante alborotadas, y han sido relecturas recurrentes a lo largo de los años. En mis albores en Tunja, incitado por las historias alucinantes que brotaban de aquella serie bibliográfica, escribí, a los 17 años, mi propia novela: Destinos cruzados, prematuro ensayo de juventud (o sea, de emoción y espontaneidad) que en 1987 adaptó Fernando Soto Aparicio como telenovela. Con esa obra inició RCN sus telenovelas nacionales.    

En el sello de la Jackson están recogidas grandes obras clásicas, comenzando por Cervantes y la novela picaresca española. Y desfilan las literaturas francesa, rusa, inglesa, portuguesa, alemana… con títulos como Orgullo y prejuicio, de Jane Austen; La cartuja de Parma, de Stendhal; Madame Bovary y Salambó, de Flaubert; Werther, de Goethe; Crimen y castigo, de Dostoievski; Germinal, de Zola; Los campesinos, de Chéjov; Las almas muertas, de Gogol; Manón Lescaut, del abate Prévost; Dafnis y Cloe, de Longo; Cumbres borrascosas, de Emily Brontë; El padre Goriot y La prima Bette, de Balzac…

En estos días volví a encontrarme con La prima Bette. Personaje grandioso de Balzac que es símbolo de la envidia. Por lo tanto, se halla en todas partes. Y se esconde dentro de nosotros mismos. Ideada como novela corta, Balzac la amplió hasta convertirla en una de sus obras más extensas (453 páginas de la edición que poseo). 

Comenzó a escribirla en junio de 1846 y la terminó en noviembre del mismo año. Está considerada su última gran obra. Era escritor incansable y compulsivo, que dedicaba a dicha labor hasta 15 horas diarias (a veces transcurrían hasta 40 horas continuas) y pasaba las noches bajo el estímulo de constantes tazas de café negro. Ese régimen minó sus energías y explica su muerte temprana a los 51 años (agosto de 1850). Elaboró cerca de 95 novelas, fuera de gran cantidad de relatos cortos, obras de teatro y artículos de prensa.

Forjó a Bette en su propia madre, con quien llevó relaciones frías y distantes; en la poetisa Marceline Desbordes-Valmore, que tuvo una vida agitada por el odio y las desgracias, y en la tía Rosalie, otra existencia también tormentosa. “Novela terrible”, declaró el autor. De tales prototipos sacó un compuesto adecuado para plasmar el alma de la prima solterona que ambicionaba casarse, sin lograrlo, y que se llenó de envidia y rencor hasta destruir una familia.

Muchas Bettes pululan en la vida cotidiana. Tal enfermedad la sufren por igual hombres y mujeres, ya que la envidia es la pasión más arraigada en la naturaleza humana. Caín mató a Abel por envidia. La historia de Balzac discurre a mediados del siglo XIX y calca el ambiente parisiense de vicios, desvíos morales y poder del dinero, sin desconocer la virtud y el mérito de la gente respetable.

Pinta la sociedad de todos los tiempos, porque ni el mundo ni el hombre cambian. Novela de nuestros días, a pesar de los 171 años que han corrido. Dijo André Maurois: “Balzac no ha escrito nada más atroz ni más bello”.

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