El presidente hablará hoy ante la plenaria de Naciones Unidas. Se espera que los temas principales de su discurso sean la lucha contra las drogas y la crisis de Venezuela.

Por: Ramiro Bejarano Guzmán

La prueba reina

SE CONOCEN LAS PRIMERAS SEÑALES de una noticia en desarrollo, según la cual en la Corte Suprema estaría por tramitarse un proyecto de formulación de cargos al procurador, Alejandro Ordóñez, lo que podría significarle la destitución por exonerar a Sabas Pretelt y Diego Palacios.

Como se recuerda, el “Absolvedor” inexplicablemente absolvió a los ex ministros por el supuesto ofrecimiento de prebendas a Yidis Medina, para que votara la primera reelección de Álvaro Uribe, el “intocable”, según la amenazante defensa de su escudero, Juan Lozano.

Habilidosamente el tambaleante Procurador hizo coincidir la noticia de su eventual sanción, con la destitución de Sabas Pretelt. Rara coincidencia. Sobre todo porque parecía imposible que Ordóñez encontrara las pruebas que se negó a ver cuando de manera torcida en un primer proceso exoneró a Sabas y a su compañero, Diego Palacio, este último curiosamente protegido por el indelicado “Héroe de Invercolsa”, Fernando Londoño Hoyos, amo y señor en la Procuraduría, junto con el ex parlamentario Pablo Victoria.

Si el valeroso representante Germán Navas Talero no hubiese denunciado a Ordóñez y la Corte Suprema no lo tuviese entre los palos, apuesto doble contra sencillo que el confeso homofóbico de Ordóñez tampoco habría visto las pruebas que ahora ponderó con falsos bríos de fingida independencia. Sí, lo que resulta grosero es que Ordóñez ahora le haya creído a Yidis cuando acusó a Sabas de haberle regalado una notaría a Teodolindo, pero no cuando reconoció que a ella misma le regalaron otra notaría para que votara por la tramposa reelección. Eso es lo que no podrá explicar jamás Ordóñez, ni con la ayuda de todos los santos a los que sus atemorizados subalternos obligatoriamente tienen que rendir culto en los santificados despachos de la Procuraduría.

¡Qué vergüenza! El drama de Ordóñez, y por ende de la Procuraduría que él manipula como un vulgar botín burocrático puesto al servicio de cuanta candidatura requiere de su apoyo, es que ya nadie cree en sus fallos. En efecto, la destitución de Sabas de última hora suscita la duda mortal de que el Procurador la adoptó buscando salvar su pellejo y su deteriorado prestigio, más que sancionar a un responsable. Está en el peor de los mundos, pues si bien ahora parece tener la razón en la decisión que también debió proferir hace un año cuando se hizo el de la vista gorda ante las contundentes pruebas que mutiló, la opinión desconfía de lo que decida porque le parece verosímil que detrás de todo esto también puede haber una maquinación oscura.

Y a todas estas me pregunto ¿cuál es la razón para que a nadie se le haya ocurrido promover un debate de control político al Procurador, de quien todos los medios dan cuenta de que sus esbirros ofrecen puestos cuando se trata de elegir Contralor, Fiscal y los magistrados que también serán sus jueces?

Si faltaba algo para enjuiciar a Ordóñez, él proporcionó la prueba reina de sus imborrables faltas. Frente a los mismos hechos, evidencias y protagonistas, absolvía cuando no tenía la soga al cuello, pero de repente, viéndose ahorcado por su juez, decidió traicionar al gobierno que deshonró el Ministerio Público haciéndolo su jefe.

Aun cuando a Ordóñez no lo destituyan, ya perdió el respeto y la credibilidad ciudadanas. Qué paradoja que el camandulero mayor, hoy sea apenas un pobre diablo.

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Adenda. Las listas de aspirantes a magistrados de la Corte Suprema, elaboradas por la Sala Administrativa del Consejo de la Judicatura, quedaron mal hechas por no incluir el número de mujeres exigido por la ley. Si no son capaces siquiera de hacer bien una lista ¿se justificará no acabar con ese elefante blanco? A propósito, por estos días de campaña a favor de este Consejo ¿quién vigila los nombramientos y su contratación?

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