Por: Juan David Ochoa

La sal estéril

Cuando la sal empezaba a corromperse en sus últimos bastiones, cayó la Corte Suprema de Justicia; ese último resguardo que le quedaba al idealismo frente a los carruseles y los círculos mafiosos de los juzgados centrales en Colombia, y cayó estallando por dentro, con las declaraciones de sus aliados estratégicos y sus socios antiguos, con todas las pruebas posibles y las anécdotas del tiempo para combatir cualquier recurso de apelación. Por ahora los nombres implicados son dos expresidentes de la misma corte: Leonidas Bustos y Francisco Javier Ricaurte.

Pero el escándalo, uno más entre el ranking de la inverosimilitud, tiene una fábula mayor: la Sala Penal de la Corte Suprema los denunció ante la Comisión de Acusaciones, la entidad más inútil y timadora entre todas las fachadas burocráticas de esta espiral de espejismos para desviar los procesos a un estado perpetuo de estudio con una fecha de caducidad que siempre se cumple y nunca condena.

Como hasta hoy ha sucedido con toda la estirpe de la delincuencia distinguida, los implicados tendrán la misma suerte de los absueltos en un espectáculo procesal con archivos inéditos y postergados que se irán opacando bajo el resplandor de otros sobornos y otros escándalos siempre inéditos y más estrepitosos. Es una historia condenada a la indignación general y a la absolución que apaga la marea y la vuelve a empujar sin resultados, porque la estructura del vicio está sustentada en la complicidad de una corte que elige a las figuras delicadas y peligrosas de fiscal general y procurador, figuras que investigan ahora a sus electores en evidentes conflictos de interés que no pasan más allá de la presión de los favores, y en el caso alterno y vergonzante de la Comisión de Acusaciones, tampoco habrá conclusión, porque la misma fue elegida para eso y por el entramado entero del poder en una perfecta estrategia leguleya para defender una tradición corrupta que ya sabe jugar a las cartas sin miedo y con la frialdad para exceder todos los filtros.

Se sorprenden ahora la Presidencia, la Fiscalía General y los mismos magistrados por los niveles y las alturas de la descomposición social y de todas las instituciones centrales de un país que parecía no tener otro nivel de medición del desastre, pero hace parte todo del mismo performance de la sorpresa y del espanto, cuando era por todos conocido el perfecto funcionamiento de esa estructura delictiva bajo las cuerdas y los focos, mientras las balas estaban tronando y distrayendo.

Entonces suenan las voces que aclaman una constituyente para reformar esta caverna de sobornos sin fin, para perforar los últimos fondos de esta estructura infecta, y se emocionan los radicales de lado y lado de este pantano de escombros con la ilusión de diseñar unas nuevas reglas del juego en el que ahora no pueden estar, y se envalentona Viviane Morales, reafirmándola en su cruzada silenciosa contra la vida sexual de todos los cuartos, y  gruñe el Congreso entero porque saben que este es el perfecto escenario para figurar, ahora que pueden ser ellos de nuevo los que elijan otra versión del camino, y otros micos en las marañas de la ley.

 

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