Por: Óscar Alarcón

La séptima papeleta

El 11 de marzo de 1990 los colombianos estaban convocados a votar y en la mesa debía recibir seis papeletas para Senado, Cámara, asamblea, concejo, alcalde y consulta liberal. Unos estudiantes propusieron una séptima que tuviera la siguiente leyenda: “Voto por Colombia.

Sí a una asamblea constituyente”. Sin embargo la Registraduría no efectuó la impresión de esa papeleta y además advirtió que no era posible adelantar el conteo pues no existía norma legal que la autorizara, aun cuando señaló que su inclusión en las urnas no anulaba el voto. Así las cosas, los periódicos publicaron el texto para que el ciudadano la recortara y la introdujera en la urna. Hubo mucho entusiasmo manifiesto pero el aspecto logístico fracasó porque los universitarios promotores de la propuesta no tenían la experiencia que le sobra a la clase política. Los votos no se pudieron contabilizar y las cifras más optimistas aseguraron que si acaso se llegó al millón de papeletas.

El presidente Barco compartía con los estudiantes la bondad de la Constituyente y por eso dictó el decreto de estado de sitio número 927 del 3 de mayo de 1990 que ordenaba a la organización electoral adoptar todas las medidas conducentes para contabilizar los votos que convocaran la Asamblea Constitucional en los comicios presidenciales del 27 de mayo. Luego la decisión del constituyente primario se tomó no con una séptima papeleta sino con una segunda porque en esta oportunidad se votaba para presidente de la República y para la Constituyente. Por esa convocatoria votaron a favor 5’236.863 y 230.080 lo hicieron en contra.

Lo anterior es el verdadero origen de la Constituyente que expidió la Constitución de 1991. Fue fruto del tan manoseado artículo 121 de la Constitución anterior que por más de cien años sirvió para todo. Ahora por la paz quieren revivir una nueva versión de la séptima papeleta. Lo que pasa es que ya no hay 121 que era un artículo que comenzaba con uno y terminaba con uno.

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