La serpiente mordiéndose la cola

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Alicia Arango, enérgica ministra del Interior, es más conocida en el país político por pertenecer al círculo íntimo de Álvaro Uribe Vélez que por sus méritos públicos. No exagero si digo que, hace unos años, nadie se la hubiera imaginado como la funcionaria más importante de un gabinete ministerial por encima de personajes con vuelo propio, como Carlos Holmes Trujillo: las ventajas de ser cercana al jefe supremo. Arango, con el tono agresivo que ya le conocen los medios, fue la encargada de lavar, ante la ciudadanía, la fea presentación que tuvo y sigue teniendo en Colombia y, ante todo, en los organismos internacionales de derechos humanos, el nombramiento de Jorge Rodrigo Tovar, hijo de uno de los cinco criminales mayores del paramilitarismo, Rodrigo Tovar Pupo que, ciertamente, se desmovilizó con su bloque Norte en el proceso abierto por el gobierno Uribe hace 15 años, pero quien nunca colaboró plenamente con la justicia, menos con la verdad y la reparación de sus miles de víctimas.

Según la historia judicial inconclusa de los asesinatos selectivos, secuestros, masacres y desplazamientos forzados de pueblos enteros en la costa Caribe de la época, alias 40 participó o determinó alrededor de 3 mil 500 crímenes. Mientras gozaba de la protección del Estado ordenada por el presidente Uribe, protección que los críticos del Acuerdo de Paz Santos-Farc no mencionan para que sus votantes no conozcan su doble rasero, alias 40 tomó del pelo a investigadores y jueces hasta cuando el mismo Uribe decidió extraditarlo, en 2008, a Estados Unidos. Un tribunal norteamericano lo condenó por narcotráfico a 16 años y medio de prisión que cumplirá el próximo mes de junio cuando regresará al país deportado, pero con el elegante rótulo de ser el progenitor del encargado gubernamental de tramitar los derechos de las víctimas. La serpiente comiéndose la cola.

Pues bien, la ministra Arango, posesionada de su importancia, gritó que el joven Tovar nombrado por su despacho ¡se queda! “Es increíble que no seamos capaces de darle oportunidad a quien no ha cometido delitos. El día que él (Tovar) no cumpla, o cometa algún delito, se tiene que ir. Pero mientras tanto, ¡no se va a ir!...” Arango regañó a los congresistas que cuestionaron la presencia del hijo del victimario en la oficina de atención a las víctimas como si fuera tan difícil de comprender que con esa decisión se le propina una bofetada a la dignidad de los sobrevivientes de las atrocidades cometidas por alias 40. Arango agregó que aquí no existen “los delitos de sangre”. El columnista Ramiro Bejarano, profesor de Derecho, tuvo la amabilidad de corregir el error de la ministra cuando confunde “delitos de sangre” (cometidos por el que causa lesión grave o muerte) con el principio general de que las violaciones al Código Penal no se trasladan a los consanguíneos del delincuente.

Al margen de la prepotencia de la ministra que habla del cargo oficial del hijo de 40 como si se tratara del puesto de una empresa de su propiedad, el nombramiento de Jorge Rodrigo Tovar en el Ministerio del Interior no parece casual ni “un gesto de paz y reconciliación”. Mirados, en detalle, los cuadros del uribismo en Cesar y Guajira, se encuentra un entramado de lazos de amistad, poder y política que se ha desarrollado en esa zona de años de dominio paramilitar. La cosa es así: Jorge Rodrigo Tovar, hijo del cesarense alias 40, llega al Ministerio del Interior en cuanto se posesiona el gobierno Duque. La ministra era Nancy Patricia Gutiérrez y su viceministro, el también oriundo del Cesar Juan Manuel Daza, hoy representante a la Cámara por el uribismo. Antes de ganar las elecciones, Daza trabajaba con el senador Uribe en el Congreso junto con la famosa “Caya” Daza. El representante acepta que llevó a su compañero Tovar al ministerio mediante un contrato externo. El joven congresista es hijo, a su vez, de Jaime Daza Almendrales, secretario general de José Félix Lafaurie, en Fedegán. Cuando el joven Daza asumió la curul en la Cámara, fue nombrado en su reemplazo el también cesarense Daniel Palacios, otra vez del círculo de Uribe de quien fue asesor privado. Palacios consolidó a Tovar en el ministerio de la política seguramente con autorización del jefe y de la dama fuerte de la Casa de Nariño, Paula Correa. La columnista María Jimena Duzán reveló que Palacios aparece en una grabación hablando con la Caya Daza, el cuestionado Ñeñe Hernández y con su hermano, Goyo Hernández, coordinador de la agenda del expresidente en la costa. Tovar, desde el ministerio, tendrá el hilo de la información, de un lado. Palacios, ahora en la dirección de la Unidad Nacional de Protección, UNP, que maneja, nada más ni nada menos, los esquemas de seguridad y escoltas de... las víctimas de amenazas, manipulará el otro lado del hilo. El capítulo de la debatida presencia del hijo de Jorge 40 en la oficina de coordinación de las poblaciones débiles de la guerra, aunque se advierta que no hay delitos de consanguinidad, más parece parte de un proyecto de ultraderecha que un aporte a la reconciliación. La serpiente comiéndose la cola.

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