Por: Luis Carlos Reyes

La universidad es lo que menos importa

Miles de estudiantes universitarios marcharon el miércoles por las capitales del país exigiendo mayor financiación para la universidad pública. Y si bien debe aplaudirse este ejercicio cívico, hay un problema: quienes se quedaron en casa —los padres de los niños que hoy están en preescolar, primaria y bachillerato— tenían tres veces más razones para marchar, y no lo hicieron.

Cientos de estudios indican que la educación entre más temprana es más importante en todos los sentidos, incluido el económico. Es decir, un buen profesor de primaria contribuye más al éxito profesional de sus estudiantes que un buen profesor universitario: sin unas bases sólidas el estudiante no está capacitado para ser admitido en la universidad, ni para ser exitoso en ella, ni para ser un buen profesional. Aunque en Colombia discutimos sobre la educación como si el único problema o el más importante fuera financiar las universidades, la realidad es que la universidad es lo que menos importa.

A causa de la pésima calidad de la educación pública, la mayor parte de los bachilleres no están preparados para la educación superior, ni lo van a estar nunca, a no ser que transformemos las primarias y bachilleratos de Colombia. Podríamos tener las mejores universidades del mundo y hacerlas gratuitas, y sin embargo no les servirían de mucho a la mayoría de nuestros bachilleres.

Comparémonos con Corea del Sur, que hace 40 años era un país más pobre que Colombia y hoy en día tiene un nivel de vida más alto que el de España. El éxito económico de esa nación se le atribuye en gran parte a sus políticas educativas, pero no estamos siguiendo su ejemplo. El gasto por estudiante universitario en Colombia equivale al 63% del de Corea del Sur: es menor, pero comparable. Sin embargo, por estudiante de preescolar invertimos apenas el 16% de lo que invierte ese país; en primaria, el 29%, y en bachillerato, el 23%.

La insuficiencia de la inversión educativa se nota en los malos resultados de los colegios públicos (y también de muchos privados): mientras que apenas el 6% de los bachilleres de estratos 1 y 2 obtiene un puntaje en el Icfes suficiente para entrar a universidades como las que financiaba Ser Pilo Paga, el 57% de los de estrato 6 tiene ese nivel. La desigualdad empieza desde el jardín infantil, se arraiga y se magnifica con el tiempo, y no se va a solucionar única ni principalmente financiando la universidad pública.

Según cálculos del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana, se necesitan $60 billones más al año para que los niños y jóvenes de Colombia tengan primarias y bachilleratos con el mismo nivel de cobertura y calidad que la OCDE —el triple de lo que se necesitaría para que la educación superior alcanzara el nivel de esta organización—. Es decir, se necesitan todos y cada uno de los $50 billones que la Contraloría calcula que el Estado pierde anualmente a causa de la corrupción, y faltaría un poco.

Quizá no haya abuso a mayor escala contra la niñez de este país que el que, como sociedad democrática, sigamos permitiendo que suceda esto. Estudiantes universitarios: sus hermanos menores están aún más desfinanciados que ustedes. Padres de familia: si siguen esperando a que sus hijos estén en edad de marchar para exigir su derecho constitucional a la educación, va a ser demasiado tarde.

* Ph.D., profesor del Departamento de Economía, Universidad Javeriana.

Twitter: @luiscrh

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