Por: Dolly Montoya

La Universidad Nacional es el proyecto cultural de la nación

Durante estos días, en que la comunidad académica me ha expresado su apoyo en el inicio de mis labores como rectora de la Universidad Nacional de Colombia, se me acercó Mónica, una estudiante de arquitectura que, luego de manifestar su solidaridad con mi designación, me compartió que no se imaginaba formándose en otro centro de estudios: “La Universidad Nacional de Colombia ha sido y será mi sueño”, me repetía. La frase me conmovió, pues estoy segura de que, con Mónica, millones de colombianos compartimos este sueño y hemos hecho de la Universidad Nacional nuestro proyecto de vida.

La Universidad no es sólo un proyecto de muchos individuos que la construyen, la quieren y la respetan. Es más que eso, es el proyecto de todo un país, un proyecto cultural de gran alcance e impacto configurado desde hace más de 150 años. Sin lugar a dudas, la creación de la Universidad Nacional de Colombia hace parte del mismo esfuerzo y objeto con el cual se inspiraron los proyectos culturales más representativos al inicio de nuestra vida como nación libre, propuestas que ubicaron a Colombia como pionera en la ciencia de toda América Latina.

En este sentido, nuestro surgimiento como Universidad del Estado se ve influenciada por los trabajos desarrollados en la Expedición Botánica de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX; la construcción del primer observatorio astronómico del continente, en 1803; la potente visión integradora y armonizadora de la realidad expresada por el científico y explorador alemán Alexander von Humboldt (quien visitó nuestras tierras atraído por la exuberancia de la naturaleza y el amplio conocimiento desarrollado por la Expedición), y, por supuesto, los resultados de la Comisión Corográfica, que por primera vez nos presentaron la diversidad étnica, cultural, natural y topográfica de nuestro país. Estos proyectos de gran alcance buscaban definir un país moderno, con una identidad propia, consciente de su cultura, su diversidad y sus capacidades.

En este sentido, la Universidad Nacional de Colombia, creada como proyecto cultural de la nación, llegó a complementar en 1867 estos esfuerzos de reconocimiento y conformación de una identidad nacional, con el propósito de preparar a los jóvenes en un ambiente cultural en el cual las artes, las humanidades, la ciencia, la técnica, el respeto y el cuidado de nuestra diversidad armonizan su formación como seres integrales.

Es por ello que afirmo que la Universidad Nacional es el proyecto cultural de mayor alcance, influencia y duración que en cualquier época se haya emprendido en nuestro país.

La misión más importante de toda universidad es formar ciudadanos integrales y éticos, seres humanos en todo el sentido de la palabra que aporten desde sus profesiones y familias para lograr un mundo con equidad, donde cada uno respeta a los otros y a la naturaleza en un ambiente de innovación.

Tenemos que reconocer que la situación actual de nuestra sociedad y de sus instituciones, en donde el atajo, la trampa, el dinero fácil, los excesos, el irrespeto, la violencia de género, la corrupción en todos los niveles y demás manías que rompen constantemente con la convivencia y amenazan la dignidad de las personas, se debe principalmente a la extendida carencia de una educación de calidad.

La sociedad fracasa porque la educación desde la infancia ha fallado en la formación de ciudadanos, se ha concentrado en enseñar a hacer y querer, dejando de lado lo más importante: el ser. No habrá paz duradera, no habrá progreso seguro, no habrá bienestar si la educación en todos sus niveles responde únicamente a la necesidad de preparar personas con el afán de salir a conseguir dinero.

La educación en general y, más aún, la ofrecida en la universidad, debe formar ciudadanos, mujeres y hombres libres, seres conscientes, coherentes en el sentir, el pensar y el hacer, personas con pensamiento crítico y creatividad desbordada, con visión universal, que consideren el contexto, la diversidad y la diferencia, que asuman las consecuencias y la responsabilidad de sus actos, que vivan y actúen para su comunidad, que se respeten a sí mismos y a los demás, que con un sentido profundamente humano sean sensibles a la naturaleza y al arte, que con humildad reconozcan lo mejor de los otros y aprendan de ellos, porque, como siempre lo hemos sabido, cada uno depende y se complementa en el otro, cada vida es una red de relaciones con los demás. Por esta razón, como educadores debemos dar lo mejor de nosotros mismos para la formación de jóvenes íntegros y la transformación del país. Nuestra responsabilidad es construir ambientes que permitan crecer gracias a la diversidad con equidad y que erradiquen todo tipo de violencia: de género, racial, política y religiosa, entre otras.

Debemos preocuparnos por la manera como formamos y para qué lo hacemos. Nuestra responsabilidad es con todo un país. Por eso, quienes se forman en una universidad deben caracterizarse por ser agentes éticos de cambio social.

La Universidad Nacional no compite con las demás instituciones de educación superior. Somos complemento y buscamos, como ellas, un país mejor, una sociedad justa, incluyente e ilustrada.

Ahora más que nunca, las universidades en Colombia deben preocuparse por integrar las regiones al proyecto general de nación y crear nuevos espacios de construcción y participación hacia una paz sostenible y duradera. De esta manera avanzaremos hacia estrategias institucionales que articulen el trabajo académico interdisciplinario y en red, de tal forma que, como instituciones de educación superior, aportemos miradas integrales para comprender los problemas de nuestras comunidades.

Debemos bajar la paz de los escritorios y llevarla a los territorios. Para esto es indispensable que nuestras comunidades universitarias se comprometan a unir los esfuerzos alrededor de la equidad, la reconciliación y la diversidad. Debemos compartir experiencias, tejer propuestas y establecer un diálogo propositivo con todos los actores de las comunidades, en articulación con instituciones nacionales e internacionales que nos acompañen por el camino, no siempre fácil, de la paz.

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN

 

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