La ‘vice’ de Biden

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A medida que se acerca la Convención Nacional Demócrata, en la que Joe Biden aceptará la nominación presidencial de su partido, el suspenso en torno a la selección de su candidata para vicepresidenta ha crecido. Si bien la evidencia empírica demuestra que las fórmulas vicepresidenciales ejercen un efecto marginal sobre el voto en sus estados o regiones de origen, así como entre los grupos sociales que representan, las señales indirectas que envían acerca de las candidaturas presidenciales no son de poca monta, sobre todo en la actual coyuntura.

En el caso de Biden, el famoso dicho “un latido de corazón de la presidencia” cobra mayor relevancia, toda vez que su edad hace pensar que al cumplir un solo período en la Casa Blanca entregaría la batuta a su vicepresidenta, quien se perfilaría como líder del partido demócrata y, eventualmente, presidenta. El único otro caso comparable se produjo en las elecciones de 2008, cuando John McCain escogió a Sarah Palin como su “vice”. Más allá del audaz gesto de nombrar por segunda vez en la historia a una mujer, la incompetencia de Palin sembró dudas importantes acerca la capacidad de liderazgo, el juicio y, en últimas, la vejez del candidato republicano.

Más allá del factor edad, ninguna de las opcionadas que la campaña de Biden y el partido han estudiado logra chulear todas las casillas necesarias para balancear la fórmula demócrata, incluyendo: tener afinidad personal y filosófica con el candidato, poseer experiencia ejecutiva y de gestión, satisfacer a los electores y al ala progresista del partido sin aislar a los votantes de centro, ser de color, conocer la problemática policial y de aplicación de la ley, y no tener “lunares” que puedan convertirse en blanco fácil para Trump.

El hecho de que Biden haya introducido propuestas progresistas de carácter económico, político y social a su plataforma, aunado a la necesidad sentida de atender la profunda crisis que ha desnudado la pandemia, la recesión económica y el conflicto social en Estados Unidos pueden jalonar hacia alguien más a la izquierda, como Elizabeth Warren.

Sin embargo, las actuales tensiones raciales, en combinación con la necesidad de enviar un mensaje contundente a la comunidad afroamericana y asegurar su voto —sobre todo ahora que Kanye West, con la ayuda republicana, busca ser incluido en algunos estados con la pretensión única de restarle votos a Biden—, podrán llevar a priorizar el criterio de raza. Para ello hay una baraja nutrida de candidatas, incluyendo a Kamala Harris y Karen Bass, senadora y representante de California, respectivamente, Val Demings, representante de Florida, Susan Rice, exconsejera de Seguridad Nacional, y Stacey Abrams, excandidata a la gobernación de Georgia.

Mientras aguardan el esperado anuncio, los republicanos afinan sus planes de ataque contra la candidata seleccionada, comenzando por Rice, sobre quien ya han desempolvado sus cuestionamientos por el rol de la exfuncionaria de Obama en el ataque al consulado estadounidense en Bengasi en 2012. Con excepción de Tammy Duckworth, senadora asiática de Illinois, cuyo estatus de exveterana de guerra en Irak la hace intocable, cualquier otra “vice” que Biden escoja tendrá que enfrentar los estereotipos sexistas que tristemente pesan en toda campaña electoral en Estados Unidos.

Nota: Tras la escritura de esta columna Biden anunció a Harris como su fórmula. Además de achacarle demasiada ambición política, su historial como fiscal general de California, donde se le crítica su deferencia excesiva frente a la policía, seguramente dará de qué hablar.

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