"El aislamiento preventivo obligatorio se extenderá hasta el 27 de abril": Iván Duque

hace 12 horas
Por: Elisabeth Ungar Bleier

La voz de nuevas ciudadanías

Los resultados electorales del pasado 27 de octubre en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Manizales, Cartagena, Villavicencio, Bucaramanga, Cúcuta, Santa Marta y Soledad, entre otras, reflejan cambios y renovación en la forma de hacer política y de acceder al poder en Colombia. Las y los candidatos que ganaron las elecciones en estas ciudades utilizaron discursos innovadores, con agendas y propuestas sociales y políticas que apelan a un electorado que está buscando opciones diferentes, alejadas de la polarización, de promesas irrealizables, de la politiquería y de los partidos tradicionales. Temas como el cambio climático, la participación ciudadana, la lucha contra la corrupción, la equidad de género y la diversidad, políticas sociales más incluyentes, estuvieron presentes en sus discursos.

Estos resultados son muy positivos, pero no son generalizables a todo el país. Reflejan una parte de la Colombia urbana donde hay un electorado de opinión, más crítico e independiente. También a mujeres y jóvenes como Mercedes Tunubalá, primera mujer misak en llegar a una alcaldía en el país, la de Silvia (Cauca). Su lema, “Mujer hilando gobierno para la vida”, lo dice todo.

Esto contrasta con otras realidades que evidencian las graves falencias del sistema electoral y de partidos. En primer lugar, no solo hubo menos candidatas que hace cuatro años, sino una disminución de mujeres elegidas en alcaldías y gobernaciones con relación a 2015. En segundo lugar, se eligieron personas pertenecientes a clanes y cacicazgos tradicionales, muchas de ellas cuestionadas por sus vínculos con actividades ilegales, que lograron mantener sus feudos con las prácticas políticas que les han permitido perpetuarse en el poder. En tercer lugar, la proliferación de coaliciones entre partidos de diferentes y en ocasiones opuestas orillas políticas, lo cual no solo evidencia debilidad y oportunismo político, sino que impide que los ciudadanos les pidan cuentas a los partidos. Por último, en Bolívar, Cundinamarca, Quindío, Antioquia, Tolima, Valle del Cauca y Atlántico el voto en blanco ocupó el segundo o tercer lugar, mandando un mensaje claro: son ciudadanos que quieren participar en política, pero no creen en los partidos políticos ni en quienes los representan.

Construir una institucionalidad política y electoral fuerte es uno de los principales retos que tiene el país. El receso electoral hasta 2022 es una buena oportunidad para sacar adelante reformas de fondo para fortalecer los partidos y la organización electoral. Esto debe ir de la mano de políticas sociales y económicas y de una lucha frontal contra la corrupción que traduzcan las promesas de los candidatos en soluciones y acciones concretas. Este es el reto que ellas y ellos no pueden eludir. Ya no son suficientes reformas de maquillaje. De no lograrse, se corre el riesgo de replicar ejemplos de gobiernos autoritarios o populistas y de inconformidad ciudadana como los que se vienen registrando en varios países de la región. Colombia está viviendo nuevas realidades políticas que exigen instituciones legítimas y fortalecidas capaces de responder a una ciudadanía más activa y participativa.

Coda. Tres expresidentes derrotados: Uribe, Pastrana y Gaviria. ¿No será hora de que pasen a buen retiro?

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2019-11-07T00:00:56-05:00

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