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Las batallas diplomáticas que vienen

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Fernando Carrillo Flórez
13 de agosto de 2008 - 01:50 a. m.
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LA GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA SE ha topado al fin con la globalización política, aunque parecía que el mundo sólo le ponía atención al buen ritmo de la economía. Hay vientos de Guerra Fría, aunque ello parece más un intento de acomodarse en el tablero del ajedrez geopolítico global. La economía tratará infructuosamente de saltarse la política una vez más.

Desde el estadio en Pekín, mientras hablaba Hu Jintao, los otros protagonistas de la globalización estaban allí en la misma tribuna jugando cada uno su rol. Bush, Sarkozy, Putin y Lula. Frente a la prueba de fuerza de potencia global que mostró China en el acto de inauguración de los Juegos, Putin abrazaba a Bush, pero a esa misma hora violaba la tregua olímpica y ordenaba en Osetia del Sur —ante un error de Georgia, prevalida ésta del apoyo de EE.UU. y de la oferta reciente de entrada a la OTAN— el ataque militar de mayor escala desde la caída de la URSS después de Afganistán, con consecuencias humanitarias ya incalculables. Una muestra de las tensiones del naciente mundo tripolar —Estados Unidos, la Unión Europea y China— en conflicto por la pugna entre los beneficiarios de la globalización —Brasil, Rusia, India, China, México—; estos últimos bautizados en el ya legendario Informe de Goldman Sachs como los BRIC. Países que según ese Informe tendrían mas peso económico en el 2050 que la suma de las economías de los países que originalmente formaban el G-6 —Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido—.

Nuevos centros de poder y nuevos actores fragmentan hoy los factores de poder a nivel global alterando los equilibrios y los liderazgos tradicionales. Sin duda asistimos al nacimiento de un nuevo ciclo político generado, entre otras causas, por la tormenta que hoy arrecia sobre las economías globales. La globalidad política tratará de resistir la imposición unilateral de reglas que la racionalidad económica buscará que se acepten como mandatos universales. Pero la política seguirá siendo la instancia final, así muchos sigan creyendo que el mercado le ha ganado el duelo porque será el debate político global el que facilitará o obstaculizará los avances de la mundialización económica. Para la muestra, lo ocurrido en Ginebra con la Ronda Doha.

En los últimos días, la política exterior de Colombia ha demostrado que es posible comenzar a codearse con los grandes en los escenarios que cuentan. La Cumbre con Brasil, la oportuna visita del nuevo Canciller a Francia —que hoy preside la Unión Europea— y aun el reconocimiento de Kosovo, que pasó imperceptible frente a la opinión pública, son indicios de cambios sustantivos en la política exterior. Los anuncios del Canciller de convocar nuevas instancias para reorientar la política internacional son muy alentadores. Pero habrá que ir mucho más allá y replantearse, entre otras, la decisión tomada en 2002, materializada en el cierre de representaciones diplomáticas, consulares y oficinas comerciales en el mundo.

Colombia va a requerir de una capacidad política y diplomática sin precedentes para abrir y reabrir espacios, negociar acuerdos y garantizar que su voz se oiga en las instancias bilaterales, regionales y multilaterales. La Europa de los 27, por ejemplo, debe llevar a consolidar una ofensiva con nuevas delegaciones diplomáticas en los países de Europa del Este, clausuradas en la controvertida decisión de hace 6 años y fortalecer el diálogo con un continente que hoy tiene una cara política diferente. Hay que replantear también, para profundizar, las relaciones con los BRIC, porque no puede entenderse cómo, pese a tener un Embajador de muchos quilates en Moscú, esa delegación diplomática tenga, en circunstancias como las actuales, poca fortaleza institucional y sufra de la indiferencia del Palacio de San Carlos. Ni hablar de los desafíos frente a la China, que están más presentes que nunca para los colombianos que han podido estar allí en esta temporada olímpica; o la India, país que se ha dejado a la vera del camino en la estrategia internacional de Colombia. Se dirá que algo se hace, pero esos esfuerzos ni son suficientes, ni son sostenibles, ni son políticas de Estado aisladas de los vaivenes del clientelismo en el servicio exterior.

No ha dicho nada nuevo el Secretario de Defensa de los Estados Unidos cuando ha reiterado que los éxitos militares no son suficientes para ganar; ni a nivel interno, ni mucho menos a nivel global. Es hora de pensar en los batallones de diplomáticos profesionales que necesitaremos para estos nuevos menesteres.

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