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Las casi greguerías del paro

Beatriz Vanegas Athías

17 de mayo de 2021 - 10:00 p. m.

La calle es el texto donde los jóvenes entre 17 y 30 años y los de 30 hasta casi 60 han escrito ese otro pliego de peticiones y reclamos al gobierno más insensible y cruel de los casi 20 años que lleva gobernando Álvaro Uribe Vélez. No se reúne Iván Duque con ellos, pero ellos llenan calles y plazas del país a pesar de la diaria masacre con la que responden policías, ejército y Esmad. Y ahora hasta civiles llamados “gente de bien” tienen licencia para armarse”.

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Cada cartel hecho en cartulina, plástico o papel Kraft construye la memoria del clamor. Así, el espacio en el que habita esta Colombia ninguneada se llama “Polombia con P de paro” en clara alusión a una de las tantas salidas lingüísticas llenas de tontería del presidente Duque. A quien se le grita con todos los tonos: “¡El pueblo se respeta, carajo!” y este grito de exigencia hasta tiene banda sonora realizada por los bellos músicos de Piedecuesta, Santander, Edson Velandia y Adriana Lizcano.

Frases que encierran un mundo de dolor y de nuevas maneras de romper prejuicios como ése que caracteriza a los colombianos de creer que, porque se es adinerado, se carece de ideales cercanos al bienestar colectivo: “Lucha, aunque no te falte nada porque a muchos les falta todo”. Frases-consignas construidas desde una elemental, pero bella poesía para caracterizar a esta generación. A la pregunta quiénes son los marchantes, quizás la más popularizada respuesta es esta: “Nos quitaron tanto que acabaron quitándonos el miedo”. Es decir, son los que nada tienen que perder. Y a partir de este convencimiento se derivan certezas con tono heroico: “Perdí el ojo, pero no los sueños” como se titula los Relatos de víctimas de lesiones oculares en las protestas, publicado por este diario. Allí afirma Alejandro Martínez, de 20 años: “Salir a marchar hoy es exponer la vida”, Alejando denuncia que el Esmad le disparó el pasado 4 de mayo de 2021, en Bogotá, el parte médico: pérdida de la visión en ojo izquierdo. Y en esa misma condición se leen las historias de catorce jóvenes más.

A pesar de esta violencia, ellos persisten y de nuevo la palabra grita con creatividad: “Nos quisieron enterrar, pero éramos semilla” o “Ellos tienen armas de fuego, nosotros fuego en el alma” o “Detrás de la máscara hay ideas y las ideas son a prueba de balas”. Y ante la muerte de tantos (al cierre de esta columna van 41 asesinados) la rabia florece así: “No lo mataron: Lo multiplicaron”. Sin embargo, el miedo está latente en un país en el que todo asomo de democracia se fue al traste: “Cómo me gustaría salir a marchar sin dejar preocupada a mi mamá”.

Esta resistencia e impotencia ante el no futuro, ante ese pasarla tan mal de tantos millones de colombianos, se dirige sin ambages a un gobierno que parece sólo haber cumplido una promesa: Hacer trizas los acuerdos de paz y crear la guerra civil en las calles, porque en campos, veredas y municipios se instaló desde la posesión de Duque. Un gobierno que deslegitima la protesta y no se percata que, con ello se deslegitima a sí mismo. Hacia este gobierno sordo y disparador la palabra llena de amargo humor: “No necesito sexo porque el gobierno me la entierra día a día” o “¿Quién nos defiende del defensor del pueblo?” o “Protesta, pero sin vandalismo. El Estado no admite competencia” o “6.402 razones para marchar” o “Un día menos, paraco” o “Nunca había visto tantos valientes sin armas y tantos cobardes armados”.

Don Ramón Gómez de La Serna sonreiría ante esta creatividad tan amarga; él que nos regaló una obra llena de sabrosas metáforas e imágenes insólitas que a todos nos dibujan una amplia sonrisa en el rostro. Cierro con más casi greguerías del Paro Nacional: “El Icetex me tiene tan endeudado, que no le conviene dispararme”; “Más inválido es usted que no sale a marchar”; “Luchando para que la ex de mi novio tenga derecho a la salud mental”. Finalizo con esta belleza que leí de las manos de un profesor: “No son vándalos son mis estudiantes”

COLETILLA: En la columna pasada afirmé: “(…) dictadores al estilo Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla que asesinaron en Chile y Argentina a millones de compatriotas (…)”, corrijo: no fueron millones, fueron miles. Jorge Rafael Videla: en el libro ‘Disposición Final’, del periodista Ceferino Reato, reconoce que fueron entre 7.000 y 8.000 asesinados, además de miles de niños desaparecidos. Augusto Pinochet, por su parte, según el Proceso judicial que se le llevó en España, “sólo” eliminó parcialmente a los indígenas Mapuches. Más de 300.000 personas son privadas de libertad; más de 100.000 personas son expulsadas o se ven obligadas a exiliarse; las personas muertas y/o desaparecidas ascienden casi a 5.000 y más de 50.000 personas son sometidas a tortura.

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