Trataré los casos más notorios por razón de espacio, pues en dos mil caracteres es imposible abarcar todos los temas al respecto.
La Real Academia española establece tres clases de comillas: las comillas angulares, también llamadas latinas o españolas («»), las inglesas o redondas (“”) —aunque en algunas fuentes del Word no son tan redondas que digamos—, y las simples (‘’).
La Real Academia ha mostrado siempre la preferencia por las comillas angulares y da ejemplo con el uso en sus obras. La ventaja de categorizar en primer lugar las angulares está en que las inglesas se usan como segundo término de entrecomillado y las simples como tercero, mientras que no usar las angulares, sólo daría para dos categorías de entrecomillado. Cuando me decidí al cambio en mis escritos no faltó quien se preguntara de dónde habían salido esos símbolos desconocidos que no están en el teclado. Ya los uso normalmente mediante el código ASCII.
Cuando un texto entrecomillado, en cualquiera de las tres categorías termina en punto, éste se pone detrás de las comillas así: ».; ”.; ’.
En caso de terminar en puntos suspensivos, en signos de exclamación o de interrogación, que también son puntos de final de período, éstos se dejan dentro del entrecomillado, pero se repite el punto fuera de él, así: ...». ; ?”.; !’. De la misma manera, los puntos de las abreviaturas quedan dentro del entrecomillado y se repite el punto afuera si es final de período.
Aunque el siguiente no es tema de las comillas, lo traigo por haberlo visto en una lectura reciente: cuando se usan signos en superíndices para las notas pies de páginas, los de puntuación van después del superíndice de llamada, pero las abreviaturas que tienen letras en superíndice el punto va entre la última letra normal y la primera del superíndice: n.° (número); N.a S.a (Nuestra Señora). El punto de las abreviaturas sin superíndice sirve de punto de final de período, común en las enumeraciones terminadas en la abreviatura «etc.».