Por: Salomón Kalmanovitz

Las independencias

El Imperio español colapsa con la invasión de Napoleón a Iberia en 1808. Los territorios de ultramar se encuentran sin dirección y cada uno se proclama independiente pues no hay un sistema político criollo que pueda negociar los intereses regionales y forjar unidades nacionales. Es el legado hispánico que nunca concedió derechos políticos ni permitió la coadministración económica de las colonias por los criollos.

Solo en 1814 la dura resistencia de los súbditos permite la recuperación del poder por la monarquía borbónica en la madre patria y esta emprende la reconquista que se completa en 1817 para la Nueva Granada. De allí en adelante, los ejércitos improvisados de Bolívar y Santander emprenden la gesta de liberación que comprometió a las masas de campesinos, vaqueros, indígenas y mestizos, esclavos a los que se les prometió la libertad si pagaban el impuesto de sangre, que pudieran derrotar a la milicia profesional de Morillo. En 1819 se libera el oriente del país y Santa Fe, y tres años más tarde se expulsa a los españoles de Cartagena.

La guerra unificó a las élites regionales por un tiempo, pero las fronteras administrativas legadas por España siguieron teniendo una influencia decisiva en la conformación de las nuevas repúblicas, mientras que la tradición absolutista marcó el comportamiento de los nuevos gobiernos; las frecuentes asambleas constitucionales trataban de imponerse a la fuerza sobre los opositores excluidos de ellas.

El Virreinato de la Nueva Granada, que incluía la Audiencia de Quito y la Capitanía de Venezuela, conforma la primera Colombia en 1822, lo que la historia tradicional bautizó como la Gran Colombia, que se disgrega diez años más tarde. Comienzan a vislumbrarse desde entonces, en lo que se llamó la República de la Nueva Granada, la aspiración de las élites regionales por el autogobierno y la visión conservadora de fortalecer un centro político que las reprimía, dando lugar a las frecuentes guerras civiles que nos azotarían durante el siglo XIX. Oscilamos así entre un federalismo radical (1857-1886), que rebautiza al país como Colombia, y un centralismo aún más radical (1886-1905), que echó para atrás los logros económicos y educativos alcanzados por los regímenes liberales. El centro político expropió entonces las finanzas de los hasta entonces estados soberanos, que atrofió en departamentos paupérrimos.

El conflicto político impidió el desarrollo económico del país durante el siglo XIX. El crecimiento de la riqueza fue solo un tris mayor que el crecimiento de la población; lo que se ganó con la apertura comercial de 1850 y las reformas liberales que incluyeron la liberación definitiva de los esclavos y el debilitamiento del poder eclesial se perdió con las tres guerras civiles que costó la centralización a ultranza de Miguel Antonio Caro y Rafael Núñez, y con las desordenadas inflaciones que causaron para financiarlas.

Solo después de la más cruenta de nuestras guerras civiles (1899-1902), a partir de 1905, se comienza a delinear un nuevo pacto de unidad nacional que permite la participación minoritaria de la oposición en el Gobierno, el Congreso, las asambleas y los concejos, dando lugar a gobiernos que evadieron el sectarismo partidista, que propiciaron el rápido desarrollo exportador, la construcción de instituciones que regularan adecuadamente la economía, la apertura al capital extranjero y un nuevo clima político que favoreció el exitoso crecimiento colombiano durante el siglo XX.

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2019-07-21T15:20:59-05:00

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