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Algún día se iba a ir a la quinta paila del infierno, como solían repetirle sus amigos. Tal vez era porque le gustaban demasiado las mujeres y por tenerlas era capaz de hacer tratos hasta con el mismo demonio.
Robó, traicionó y mintió, amparado en una frase que pronunciaba y creía como si estuviera pegada a su piel: “Todo lo que acontece por amor, acontece más allá del bien y del mal”. Sin embargo, lo suyo no era amor, o por lo menos, no aquel amor que le habían inculcado desde niño, aquel amor-veneración, romanticismo de versos, copas de vino e idealismos que le habían repetido en películas y novelas cursis.
Lo suyo era carencia, excesos y curiosidad, miles de carencias que lo llenaban de huecos cuando se sentía solo. Carencia de besos, excesos de deseo y otro tanto de curiosidad. Cada mujer que pasaba por la calle era un infinito montón de posibilidades a los gritos que lo invitaba, “ven conmigo”, siempre contra su voluntad, siempre contra su razón, por eso él sabía mejor que nadie que era cierto, que un día cualquiera tendría que bajar los escalones hacia el infierno, y que lo haría de dos en dos, de tres en tres, silbando a Vivaldi, recordando cada tanto las benditas razones que le habían confirmado el boleto, agradecido, ante todo, porque el día de su juicio Dios seguía ocupado en asuntos más importantes.
Decía que allí, en su quinta paila, jugaría con Maradona, besaría a Cleopatra y hablaría, o mejor, le haría un millón de preguntas a Ciorán o a cualquiera de sus amigos. Todo era fantasía, juego, ficción, hasta una noche en la que tocaron a su puerta. Era Sofía, una de sus tantas amantes. Él le abrió. La vio repleta de rasguños, con el pelo deshilachado, sin forma, los ojos amoratados e hinchados y la ropa semirrasgada. “¿Pero qué te pasó?”, preguntó. Entonces ella le dijo que tres mujeres la habían atacado en su casa (74 con 4ª) y que cada golpe, decían las mujeres, había sido una dedicatoria de Milena. “Milena, tu novia”, susurró. Luego sacó de su cartera una tarjeta plateada con un número de celular escrito en marcador rojo y dos palabras impresas en alto relieve: Las Vengadoras.
