Por: Santiago Montenegro

Lecciones de Chile

La primera vuelta de las elecciones a la Presidencia de Chile produjo unos resultados inesperados, que estremecieron tanto a la derecha como a la izquierda, resultados que dejan también lecciones muy útiles para Colombia.

Por el lado de la derecha, el gran favorito para alcanzar la Presidencia, el expresidente Sebastián Piñera, sólo sacó el 36 % de los votos, cuando las encuestas estimaban que estaría en un rango de 44-47 %. Dicha brecha la llenó Juan Antonio Kast, de la derecha más extrema, quien logró 8 %, mientras se esperaba que no alcanzaría más del 3 %.

Pero, si en la derecha llovió, en la izquierda tampoco escampó. El candidato Alejandro Guillier, de la llamada Nueva Mayoría, el movimiento de partidos que ha rodeado a la presidenta Michelle Bachelet y que es heredero del bloque que hizo la transición después de la dictadura de Pinochet, sólo logró el 22 %. La gran sorpresa de la izquierda fue el voto obtenido por la periodista Beatriz Sánchez, del Frente Amplio, que obtuvo el 20 % y estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta. Este es un resultado realmente sorpresivo, pues las encuestas le anticipaban 8 % en el mejor de los casos. El otro hecho notorio fue el colapso de la Democracia Cristiana, uno de los grandes partidos históricos de Chile, que apenas alcanzó el 5 % de la votación.

¿Qué explica estos resultados? De todas las hipótesis que los politólogos, sociólogos, exministros y políticos activos han argumentado en los periódicos y en los canales de televisión, una de las más convincentes es, a mi modo de ver, la del sociólogo Eugenio Tironi. Según él, por encima de la fractura derecha-izquierda, el resultado de estas elecciones está explicado por un gran deseo de renovación, pues la gente está cansada de ver, año tras año, las mismas caras, las mismas actitudes, cuando no los mismos procedimientos dudosos de los políticos de todos los partidos.

Y este deseo de renovación tiene un claro componente generacional. El Frente Amplio es un movimiento de una izquierda nueva, irreverente, imprecisa e inorgánica, de adherentes muy jóvenes, de todos los estratos sociales, algo muy parecido a Podemos, en España, quienes ven a personajes como Ricardo Lagos o la misma Bachelet como dinosaurios en vía de extinción. Por el lado de la derecha, la inesperada votación por José Antonio Kast tiene, según Tironi, la misma lectura, y lo mismo podría decirse del resultado de su sobrino, Felipe Kast, quien obtuvo una altísima votación al Senado, con un partido nuevo, de derecha moderada y liberal, que también atrajo a muchos jóvenes, muy similar a Ciudadanos, de España.

En estas condiciones, el resultado de la segunda vuelta es incierto y no se sabe por quién de estos dos políticos tradicionales, Piñera y Guillier, se inclinarán estos nuevos sectores que claman una drástica renovación de la política.

Entre nosotros, la política ha estado en los últimos años dominada por la fractura entre quienes han apoyado y los que han rechazado los términos del acuerdo de La Habana y, sin duda, dicha polarización condicionará el resultado. Pero creo que, como en Chile, aquí también se está plasmando una fractura entre la vieja y la nueva forma de hacer política, en todos los partidos y movimientos, aunque es muy difícil anticipar cuál de esas fracturas tendrá un mayor impacto en el resultado final.

 

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