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En respuesta al editorial del 19 de agosto de 2026, titulado “¿Para qué los medios públicos?”.
En un ambiente tan radical de desinformación por parte de los principales medios de comunicación privados en contra del gobierno del expresidente Petro, los colombianos tuvimos la oportunidad de encontrar en RTVC una opción alternativa para enterarnos del proceso de cambio y los logros del gobierno, con énfasis en las regiones y sectores sociales históricamente excluidos de la gestión pública y la atención de los medios de comunicación hegemónicos. El sistema de medios públicos (RTVC, Radio Nacional, Canal Institucional y canales regionales) logró romper dicha hegemonía, llegar a las regiones más alejadas y posicionarse como uno de los principales medios de comunicación del país.
Para quienes solo dedicamos el comienzo de la noche a ver TV y no toleramos la ridiculez y desinformación de algunos programas de la TV privada, los noticieros y programas de opinión de RTVC nos resultaron inmensamente valiosos: Noches de Opinión, con Ricardo Vargas; las denuncias de la revista Raya; Parte y Contraparte, dirigido por Cecilia Orozco, a quien también leemos en El Espectador, lo mismo que a otros columnistas muy valiosos de este diario.
La información permanente desde las regiones, con presentadoras indígenas y afrocolombianas, nos mostró la diversidad étnica y cultural, complementaria de la biodiversidad que atesora nuestro país, a la cual los medios comerciales no prestan la misma atención.
¿Que todo esto suena a propaganda gubernamental? Pues claro que sí, pues se trataba de mostrar la otra cara del país y del acontecer nacional, con hechos reales y opiniones fundamentadas que medios privados silenciaban o distorsionaban. La opinión pública ha sido manipulada por la prensa comercial —especialmente durante el período electoral— por toda una avalancha de noticias falsas, acusaciones sin pruebas, silencios cómplices, imágenes artificiales y programación algorítmica.
La alocución presidencial del 18 de agosto anunció la venganza contra RTVC, como era de esperarse, desmantelando sus noticieros y programas de opinión e investigando la contratación. Muy bien que los organismos de control asuman el compromiso de investigar a fondo, no solo al sistema de medios públicos, sino también la contratación del actual gobierno y los antecedentes de unos cuantos funcionarios que están siendo nombrados.
El Espectador, en su editorial del 19 de agosto, hace un llamado oportuno al debate público y parlamentario sobre la televisión y la radio públicas, pero también debe hacerse sobre los medios privados. Los logros de RTVC al haberse posicionado como el principal medio alternativo de información, de denuncia de lo que los otros callan, de formación de opinión y también por sus errores hacen necesario que el debate defina con precisión los límites conceptuales y éticos entre informar y hacer propaganda (a favor o en contra), tanto en medios públicos como privados; la diferencia entre defender al gobierno de turno y defender intereses particulares; promover derechos colectivos o privilegios particulares. Bienvenido el debate público en este momento de crisis tan profunda del periodismo en Colombia.