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Entre democracia y polarización

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Dairo Elías González Quiroz
29 de junio de 2026 - 05:00 a. m.
"En medio de tanta polarización, es obvio que el país necesita dejar a un lado tanta agresividad y requiere un diálogo sincero y transparente para llegar a un verdadero acuerdo nacional": Dairo Elías González Quiroz.
"En medio de tanta polarización, es obvio que el país necesita dejar a un lado tanta agresividad y requiere un diálogo sincero y transparente para llegar a un verdadero acuerdo nacional": Dairo Elías González Quiroz.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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En respuesta al editorial del 23 de junio de 2026, titulado “Colombia demostró que tiene una sana democracia”.

Después de una guerra preelectoral con una tensión infinita, en la que se sentía el péndulo de la tortura kafkiana, los resultados de las elecciones presidenciales del pasado domingo dejan una primera noticia que los dos editoriales (“Este país dividido necesita prudencia y reflexión”, del 21, y “Colombia demostró que tiene una sana democracia”, del 23 de junio) y cualquier colombiano demócrata celebran antes de cualquier análisis político: ganó la democracia, pues la votación masiva alcanzó un 63,5 %, la más alta en nuestro país desde la Constitución del 91.

Pero esos resultados, que le dan la victoria a Abelardo de la Espriella con 12,9 millones de votos frente a un Iván Cepeda con 12,7 millones, con una diferencia de 250.830 sufragios, no son más que el reflejo de la polarización que existe entre los colombianos y que se observa cada vez que hay comicios, desde la elección de Ernesto Samper en 1994, cuando la diferencia de votos con Andrés Pastrana fue de casi 157.000.

Lamentablemente, esto último es soslayado por esta casa editorial, dando a entender —no se sabe con qué intención— que la polarización es un asunto exclusivo del presidente Gustavo Petro y de su partido, el Pacto Histórico; no hay que desconocer que la férrea oposición virulenta también ha sido muy despiadada y polarizante. Asimismo, El Espectador da a entender —sobre todo en el primer editorial— que la Casa de Nariño estuvo en campaña buscando “darle la vuelta a un resultado adverso a sus intereses”; sin embargo, el presidente solo buscaba que el preconteo y el escrutinio fueran totalmente pulcros y ajustados a las normas electorales vigentes.

Asimismo, lamento que el segundo editorial afirme que el presidente electo “ofreció un discurso de victoria que modificó el tono utilizado durante la campaña con los mensajes correctos”, lo cual es parcialmente cierto, puesto que De la Espriella pidió a sus seguidores defender los votos de las urnas y encarar a quienes “pretenden desconocer la voluntad mayoritaria del pueblo”. Además, exigió agresivamente a Petro e Iván que “respeten la voluntad del pueblo” y se abstengan “de desatar un incendio... Acá no va a haber una tercera vuelta en las calles. Acaten el resultado, hagan sus maletas y prepárense para ejercer la oposición”.

En medio de tanta polarización, es obvio que el país necesita dejar a un lado tanta agresividad y requiere un diálogo sincero y transparente para llegar a un verdadero acuerdo nacional, metas que son muy difíciles de alcanzar, pero no imposibles: “Colombia no necesita vencedores que humillen ni derrotados que desconozcan. Esto exigirá del vencedor aparcar la retórica divisiva al estilo de Trump... Si no, la fractura será temible. Cuando un país aparece partido casi por mitades, gobernar significa construir puentes. Esa será la verdadera prueba del próximo presidente”, concluyó con acierto El País de España.

Por Dairo Elías González Quiroz

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