
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En respuesta al editorial del 25 de enero de 2026, titulado “Se apaga el orden mundial, necesitamos tener reglas”.
El título de este antieditorial está tomado del discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial de Davos. La frase completa es: “Estamos quitando el letrero de la ventana”, y se refiere a un ensayo escrito en 1978 por el disidente checo Václav Havel, en el que explicaba cómo se sostenía el régimen comunista.
Cada mañana —cuenta Carney— un verdulero colocaba un letrero en el escaparate: “Proletarios de todos los países, uníos”. El tendero no creía en ese cuento con el que Marx y Engels comenzaban el Manifiesto Comunista de 1848, pero lo colocaba de todos modos para evitar problemas, y cada tendero de su cuadra hacía lo mismo con el mismo fin. De esa forma, el sistema comunista persistía en Checoslovaquia.
Havel llamó a esto “vivir una mentira”. “El poder de un sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto”; pero en eso reside también su fragilidad: “cuando incluso una sola persona deja de actuar” o quita el letrero. Hoy todos estamos quitando el letrero porque el mundo de normas en que vivimos se está muriendo; cada día creemos menos en él.
Estamos dejando de vivir en la mentira de la religión, la política, las relaciones internacionales, la democracia, la economía, el marxismo y demás ideologías. El fin de las ideologías que Jean-François Lyotard proclamó en 1986 apenas lo estamos viviendo, y por eso quitamos el letrero de la hipocresía.
La humanidad se cansó de vivir en la mentira o en el juego del “como si”. Vivíamos como si Dios existiera, como si la democracia fuera la mejor opción de gobierno, como si el marxismo o la basura comunista fuera el fin de la explotación y de las desigualdades, como si la vida tuviera sentido, como si la familia fuera el mejor cómplice de nuestras debilidades, como si nuestra patria mereciera todos los sacrificios.
La novela del norteamericano Henry James, La copa dorada, publicada en 1904, es una metáfora de la historia del tendero, en la que se involucran Maggie Verver y su padre viudo, Adam; la amiga de Maggie, Charlotte, y el amante de esta, Amerigo, quien termina casado con Maggie. La compra de una copa dorada le permite a Maggie descubrir la verdad de los enredos amorosos de los cuatro, eso que es mejor no decir para evitar la crisis. Los cuatro “mantienen el letrero”, como si las relaciones fueran verdaderas.
Es una ficción compartida, pese a que “los protagonistas están constantemente engañándose mutuamente; la verdad es que lo hacen para conseguir que su convivencia resulte soportable”, como pasa con las religiones, la democracia, el marxismo y todo aquello de lo que es mejor no hablar. La cita entre comillas es de Peter Watson.
El discurso del primer ministro canadiense comienza así: “Bienvenidos al fin del mundo tal como lo conocimos”. Ya hemos decidido quitar el letrero para rechazar el mundo de mentiras en que vivíamos.