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La deuda de “El Espectador”, más allá del perdón

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Federico Mejía Álvarez
06 de abril de 2026 - 05:00 a. m.
"El problema de la violencia que señala la señora periodista es un conflicto estructural que permea toda la dinámica organizacional de las estructuras de poder en Colombia": Federico Mejía Álvarez.
"El problema de la violencia que señala la señora periodista es un conflicto estructural que permea toda la dinámica organizacional de las estructuras de poder en Colombia": Federico Mejía Álvarez.
Foto: El Espectador
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En respuesta al editorial del 29 de marzo de 2026, titulado “Pedimos perdón y no cruzaremos los brazos”.

La historia del Ciclo Rosa en la Pontificia Universidad Javeriana Bogotá empezó con una acción sociológica que pretendió excavar el criterio etiológico sobre la fenomenología del continuum de violencia basada en género en Colombia, abriendo el espectro del terror de dichas consecuencias para los cuerpos y voces que rompen los estereotipos de género. Sin más palabras al respecto, caso Rosa Elvira Cely, paz en su memoria.

La pregunta que plantea El Espectador, “¿cómo llegamos aquí?”, abre una controversia frente al caso específico de la periodista y abogada, congénere Pilar Rodríguez Cuartas, mujer colombiana que enfrenta un litigio estratégico para contener un trato cruel que pivota en la estructura del litigio patológico.

La causa introspectiva, vivencial y experiencial tiene un fundamento dialéctico contencioso sobre las acciones u omisiones que su lugar de trabajo, de forma connivente, permitió para que ella sintiera como impuesta y obligada una renuncia forzada, porque su seguridad ontológica subjetiva, de forma sustancial y objetiva, se convierte en hábitat laboral hostil por criterio sospechoso.

La tesis del editorial consiste en sostener que pedir perdón no es suficiente; al tiempo, sustenta su postura con el argumento: “El cambio social es difícil y está lleno de fricciones, de dolores, de aprendizajes. Es un proceso largo, pero necesario”, lo cual parece intentar la justificación en las omisiones de la debida diligencia que alega el poder de los medios de comunicación escritos en Colombia para el caso en curso.

La antítesis implica reconocer que la víctima de acoso, en sus variopintas dinámicas de violencias basadas en género, agravadas por su especial protección al ejercer el periodismo investigativo sobre asuntos de género y diversidad, afecta el bien común sobre la información. El problema de la violencia que señala la señora periodista es un conflicto estructural que permea toda la dinámica organizacional de las estructuras de poder en Colombia.

Romper el debido proceso y desconocer la debida diligencia en la preservación de la cadena de custodia probatoria, con la queja presentada al comité de convivencia, implica que los tentáculos de dominio patriarcal están enraizados desde los cimientos del protocolo que violó la credibilidad del mecanismo.

Reconocimiento: El único movimiento social que tiene vocación de trascender las luchas de clase, raza, sexualidad, postura política, creencia religiosa o filosófica es el feminismo, con categoría de análisis en clave de género, conspicua interoperabilidad de un nuevo orden capaz de reconfigurar las conductas mnémicas de violencia contra los cuerpos y voces que rompen los estereotipos de género; mejor, reconstruyendo los arreglos y las cargas de género.

Mi profundo respeto y solidaridad con la señora Pilar Cuartas Rodríguez.

Por Federico Mejía Álvarez

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