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En respuesta al editorial del 31 de mayo de 2026, titulado “Sacudida la política, hay que pensar en un país para todos”.
El editorial “Sacudida política, hay que pensar en un país para todos” contiene varias afirmaciones debatibles, excesos y omisiones.
Primero, afirma que la izquierda perdió las elecciones y fue arrogante. Después de un genocidio, del viejo sectarismo, de las disputas internas, de ser golpeada por las hegemonías de los partidos Liberal y Conservador y por sus escisiones y reagrupaciones, ha venido en ascenso desde hace dos décadas, llegó a la Presidencia, tiene la mayor bancada en el Congreso, es opción de poder y pasó por segunda vez a la segunda vuelta. Esto no puede leerse como una derrota. El apoyo de casi diez millones de electores no puede leerse como una pérdida, y aspirar a ganar en primera vuelta demuestra vocación de poder, no arrogancia.
Segundo, que las urnas le dieron una cachetada al Gobierno. ¿De dónde concluyen eso? El paso a segunda vuelta es todo lo contrario. Con todo y sus errores, que los ha tenido, y algunos protuberantes, el presidente Gustavo Petro cuenta con una favorabilidad muy alta (compárenla con la del expresidente Iván Duque en sus últimos años), puso en la agenda del país las reformas sociales y les dio voz e hizo visibles a sectores sociales subalternos, ofendidos y humillados.
Tercero, que la derecha abandonó a Álvaro Uribe y a su candidata apadrinada. El abandono es reiterado y no es nuevo. En las elecciones de 2022, su candidato debió renunciar a la aspiración presidencial y todos a una, incluido el padrino del candidato, fueron derrotados al alinearse con el señor Rodolfo Hernández. El abandono al uribismo viene de atrás y su bancada en el Congreso se debe a algunas estructuras locales de poder que aún funcionan y a clanes locales cercanos a personajes asociados a prontuarios que el sistema de justicia no procesa.
Cuarto, que el señor Abelardo de la Espriella no tiene intereses diferentes a “enderezar el rumbo” denota falta de conocimiento de su programa. Lo primero que aparece, con todas sus letras, es “Autoritarismo”. Confunde autoridad con autoritarismo, piensa que la solución a los complejos problemas del país es el “patriotismo” y que acudirá a la violencia para “destripar a la izquierda”. El editorial es apresurado al hacer esta afirmación.
Quinto, que la promesa de mano dura caló hondo en el país. Se olvidan de que ya había calado con Álvaro Uribe en 2002 y que terminó con varios miles de víctimas de falsos positivos, con la Operación Orión, con la descalificación y el espionaje a las altas cortes, con una reelección basada en delitos y con la aspiración a un tercer mandato abusivo y autocrático.
Sexto, Colombia no está polarizada. Lo que hay es variedad de opiniones, pero los extremos se hacen más visibles, encuentran más eco y se expresan de forma más contundente en las redes y en sus foros feroces. Hay sectores radicalizados de la derecha extrema y algunos sectores de izquierda. Esta tesis de la polarización hay que revisarla con detenimiento. En el país hay más pluralismo: más de 30 partidos, nadie tiene mayorías absolutas en el Congreso y más de 15 partidos cuentan con curules. No hay dos polos en contienda; esa es una mirada inadecuada de la realidad.
Finalmente, nuestra democracia no es para nada reconfortante. Es calificada por todas las instituciones que la miden y analizan en el mundo como defectuosa, deficitaria y de baja calidad. Hemos avanzado, pero nos falta un gran trecho, comenzando por aceptar el pluralismo, la variedad de pensamiento y las distintas concepciones del mundo.
No todo se vale. Ni el autoritarismo ni la eliminación del otro.
* Profesor investigador en la Universidad del Valle, Colombia.