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Por unas elecciones desde la confianza

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Octavio Valcárcel Botero
09 de marzo de 2026 - 05:00 a. m.
"Las permanentes dudas sin fundamento, expresadas por nuestro gobernante, pueden ser detonante y causantes de un conflicto de proporciones no estimadas": Octavio Valcárcel Botero.
"Las permanentes dudas sin fundamento, expresadas por nuestro gobernante, pueden ser detonante y causantes de un conflicto de proporciones no estimadas": Octavio Valcárcel Botero.
Foto: EFE - STR
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En respuesta al editorial del 22 de febrero de 2026, titulado “Es necesario rodear y cuidar las elecciones”.

Si bien la expresión escrita del domingo es un llamado de atención para que las autoridades y entidades de control ejerzan toda la vigilancia y protección de las elecciones, este diario escrito, el más comprometido en décadas, llama con energía a la cordura y la sensatez.

Petición en editorial que se pronuncia, al igual que el accionar ancestral de sus fundadores y directores, que hoy también continúan fundamentando el pensamiento centenario: “El Espectador trabajará en bien de la patria con criterio liberal y en bien de los principios liberales con criterio patriótico”. Liberal, vocablo este que denota la libertad de cada ser humano para ejercer su independencia en su línea de pensamiento y actuación en beneficio de una sociedad.

Cientos de testigos electorales y de vigilancia directa, con la colaboración de un centenar de observadores internacionales, más la asistencia del Centro Carter y la Unión Europea, se han dispuesto y preparado ante esta invitación del Estado para garantizar el correcto y transparente desempeño de las elecciones, donde cada votante se podrá manifestar con tranquilidad y libertad. Como equipo de soporte estarán vigilantes las autoridades policivas y el Ejército en todas sus especialidades.

Sin embargo, las permanentes dudas sin fundamento, expresadas por nuestro gobernante, pueden ser detonante y causantes de un conflicto de proporciones no estimadas.

Si el candidato de sus afectos y corriente gana las elecciones, todo será maravilloso. Las entidades habrán actuado en forma transparente y la Registraduría Nacional habrá cumplido con sus propósitos en forma organizada y eficiente. La Procuraduría y la Contraloría habrán hecho sus controles eficientemente. Serán enaltecidas estas instituciones con furor y sus directores saldrán en hombros amigables del gobierno desde sus cargos.

Pero si el candidato de sus afectos, después de elecciones transparentes y de un conteo de votos eficazmente ejercido por los operarios de mesas y entes de control, pierde las elecciones, con la inmediatez y reacción a la cual nos tiene acostumbrados en sus furiosos trinos, estas serán calificadas como el evento nacional más irregular, donde se presentó un fraude electoral. El mensaje se lanzará con la prontitud de la frustración, al calor de un resultado contrario a su interés y al de sus inmediatos colaboradores, como ha sucedido con decisiones de otros eventos. Obviamente, con la reacción donde serán culpables todas las instituciones de control y los veedores internacionales invitados.

De inmediato será lanzada la única frase de su tenor, sin medir consecuencia alguna: todo el mundo a las calles y plazas para rechazar los resultados, tan anunciados a gritos premonitorios. Para el gobernante no existirá la transparencia de lo que con estudio y delicadeza se ha preparado.

Como nunca en la reciente historia nacional ha habido tanta preparación, tecnología y garantías. El intenso dolor de una pérdida abrirá las puertas para otra masiva expresión popular en las calles y plazas, como siempre lo ha solicitado.

Pero Colombia, nación libre por excelencia, demostrará y sabrá cuidar su histórico accionar y pensamiento democrático, que con sapiencia, vigilancia y transparencia enunciará el resultado veraz, sea cual fuere, de forma pulcra, gracias a esas instituciones que hoy son dirigidas con gran decoro y a los veedores internacionales presenciales.

Hoy los nacionales, extranjeros, ciudadanos, campesinos, indígenas y etnias esperamos que este acontecimiento sea otra gran fiesta democrática, lejana de toda duda premonitoria y exenta del más mínimo fraude electoral.

Que la providencia proteja a la nación.

Por Octavio Valcárcel Botero

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